¡Madre mía! ¿Nos hemos vuelto locos o qué? Estoy viendo un programa, en concreto "Salvados" de la sexta y me estoy quedando helada.
Hoy el tema es "tirar comida". Y de verdad, sabía que en general se tiraba comida, mucha comida. Pero jamás imaginé que se pudiera llegar a esos extremos y se tirara tanta.
Nueve millones y medio de toneladas al año. ¡Una barbaridad!
En la agricultura.
Las grandes superficies le piden al agricultor una determinada cantidad de producto. Pero debe tener una serie de cualidades, como ser todos muy iguales y casi perfectos, sin manchas ni defectos. Para asegurarse de conseguirlo, el agricultor siembra y produce mucho más de la cuenta. ¿Qué pasa? Pues que todo lo que tiene una pequeña mancha o tara va a la basura. A-LA-BA-SU-RA. Y eso son toneladas y toneladas de comida tirada.
En la pesca.
Pasa otro tanto de lo mismo. Que los peces tengan determinadas características, los que no sean así, otra vez al mar. Y ya están muertos, claro. Y también están las dichosas cuotas impuestas por Europa. Si al subir las redes se encuentra más pescado del permitido, todo el sobrante, al mar.
En los supermercados y grandes superficies, en cuanto faltan un par de días para su caducidad, los productos se retiran de las estanterías.
¿Y qué se hace con ellos? Por fortuna, algunas áreas, solo un 20-30% de ellas, los donan a asociaciones como los bancos de alimentos para ayudar y proporcionar alimento a los millones de personas que hoy en día pasan hambre.
Pero... ¿Y el 70% de las grandes áreas restante? Pues...¡A la basura!
Por fortuna cada vez son más los recursos que van a parar a esos bancos de alimentos y ONGs, que se nutren básicamente de estas aportaciones y de los miles de voluntarios.
También los consumidores tiramos a la basura más de lo que nos pensamos. Se calcula que unos 300€ al año de los que dedicamos a comprar comida.
Compramos más de lo que necesitamos. Muchas veces engañados con ofertas como "Compre uno y llévese dos"...
Cocinamos más de lo que comemos. Siempre sobra algo de lo que se ha cocinado. Lo guardamos para la noche, para el día siguiente, y a final, cuando ya nos hemos cansado de verlo dando tumbos de un lado a otro de la nevera... ¡A la basura!
Y mientras tanto, miles de personas literalmente pasando hambre.
Niños que la única comida decente que hacen al día es la que les dan en el comedor escolar.
Ancianos que pasan días y días con sopas de pan y un poco de leche(el día que tienen pan y leche, claro)
Gente que perdieron el trabajo, la vivienda, con hijos o personas a cargo, que acabaron toda subvención y... ¿Y ahora, qué? Pues que si no tienen nada de ingresos, no pueden comprar ni la comida del día.
¡Y nosotros tirando la comida!
¿No sería hora de que nos concienciáramos del problema? Y es que más que un problema, es un drama para muchas personas.
No puede ser que una fruta, porque tenga una mancha en la piel, no sea apta para su venta en una tienda.
O tener los estantes de las neveras de la carne llenas hasta los topes de bandejas que ni en sueños se van a vender. Y que una buena parte de esa carne irá a la basura.
Todos tenemos parte de culpa del desastre. Y todos podemos poner nuestro granito de arena para ponerle freno.
Cuando compremos fruta o verdura a granel, hay que cogerla toda, sin despreciar la que tenga alguna tara en la cáscara. Es igual de buena, y al fin y al cabo, la cáscara no se come... Y me crié en el campo, cultivando frutas y verduras, y os aseguro que el aspecto exterior no influye en la calidad.
Compremos lo justo, lo que realmente necesitemos. Para que no nos sobre y lo tengamos que tirar.
Hay que fomentar más el reciclaje de los alimentos sobreros. Creando empresas que hagan zumos o compotas o los conserven, para que no se tengan que tirar y las personas que no pueden comprar, al menos puedan comer...
Entre todos, ¡podemos!
PRESENTACIÓN DEL BLOG
Saludos a tod@s!
¿Qué vais a encontrar en este blog? De todo un poco.
Críticas, denuncias, mi día a día, curiosidades, reflexiones...
Pero sobretodo, mi voz.
PÁGINAS
domingo, 9 de diciembre de 2012
NAVIDAD LOW-COST - Comidas
Preguntas como: ¿Qué hago de comer la Nochebuena? ¿Y el día de Navidad? ¿Y el domingo siguiente, que también tenemos invitados?
Este no sería ningún problema si tuviéramos los bolsillos bien llenos.
Pero... Este año, y muy posiblemente algunos más, los bolsillos están vacíos.
Así pues, ¿Qué podemos hacer, que no salga muy caro y que además sorprenda y deje satisfechos a todos?
Esta es la pregunta que voy a intentar responder hoy.
Y como durante estos días es un constante ir y venir de una casa a otra, ahora como invitado, ahora como anfitrión, también hemos entrado en el juego de competir en a ver quién pone la mejor comida. Si uno pone pescado, el otro tiene que poner marisco. Si uno pone el típico asado de ternera o cerdo, el otro tiene que poner alguna carne más... "exótica", faisán, liebre, cabrito... También en los entrantes hay una tremenda lucha por sorprender. Los bocados más exquisitos y sorprendentes, las preparaciones más elaboradas y espectaculares... Cualquier cosa para quedar ante los demás como el perfecto anfitrión...
Y ahora recordemos lo que nos gastamos cada año, sólo en comida, durante estas fechas.
Una barbaridad ¿no? Y este año nuestro presupuesto no da para tanto derroche...
¿Entonces? ¿Qué hacemos?
En primer lugar, antes de ir a la tienda y empezar a llenar el cesto compulsivamente, vamos a usar un poco la cabeza y nos vamos a hacer unas preguntas.
¿Realmente necesitamos comer los productos que solemos poner en estas fechas? Hay algunos productos que, durante estos días, han triplicado o más su precio...
¿Porqué compramos tanto, si luego sobra, y esos productos que podríamos comprar cualquier otro día del año mucho más baratos?
Porque no pensamos. No utilizamos el sentido común.
Vamos a ver ¿Podría definirme alguien el sentido de la Navidad? Para mí, a parte del sentido religioso, son unos días que, por tradición, se reúnen las familias, se habla, se procura perdonar pequeñas rencillas y suele imperar la paz entre todos.
Y... ¿Hace falta derrochar tanto para reunir a la familia?
Seguro que todos habéis contestado no a mis preguntas. No hace falta comer tanto. No es indispensable comer esos productos tan caros. En definitiva, no hace falta derrochar tanto para reunir a la familia, tener paz y ser felices.
Y en cuanto a competir entre nosotros... Eso lo vamos a dejar para Fernando Alonso...
Bien. Al menos ya tenemos algo claro.
Ahora podemos empezar a preparar la lista de la compra con un poco más de sentido común.
Y me creáis o no, se puede comer de maravilla y quedar como el mejor de los anfitriones por muchísimo menos dinero del que acostumbramos a gastar.
Para empezar, vamos a cambiar el chip. ¿Estamos obligados a ser tan "clasicorros"? Siempre solemos hacer lo mismo... Este puede ser un buen año para cambiar un poco. Y... ya puestos, ¿Porqué no innovar un poco?
Tenemos varias opciones.
Una de ellas sería optar por comida internacional. Hay algunos platos, sobre todo en la gastronomía latinoamericana, que resultan sorprendentemente buenos y, lo más interesante, muy económicos.
Otra opción sería hacer más o menos lo mismo de cada año, pero afinando un poco a la hora de comprar, sobre todo en las cantidades, y comprando las variedades de carne o pescado más baratas, lo que no significa que tengan que ser malas. Hay muchas maneras de cocinar productos muy sencillos y el resultado puede llegar a ser extraordinario...
Sólo se trata de hacer uso de este recurso del que todos disponemos y que se llama "sentido común".
Debemos grabarnos en la cabeza que nadie ni nada nos obliga a hacer o a obrar de manera contraria a nuestras convicciones, así que... Manos a la obra y a usar la cabeza.
Hoy ya hemos aclarado bastantes puntos.
El próximo día aportaré algunas ideas en forma de recetas, ideas y otras cosas...
sábado, 8 de diciembre de 2012
NAVIDAD LOW-COST - Decoración I
¿Que tal si dejamos de ser tan "clasicorros" y nos atrevemos a innovar?
Se acercan las fiestas de Navidad y quien más quien menos ya está empezando a planear qué hacer durante estas fiestas y, sobretodo, a pensar cómo preparar buenas comidas con un presupuesto que cada vez se ve más reducido por culpa de la crisis.
Hablando con la gente, os puedo asegurar que si en algo estamos todos de acuerdo, es en que cada año se nos complica más la situación.
Yo me siento tremendamente afortunada por tener un trabajo fijo, pero veo con desesperación cómo mis dos hijos menores, con veinte años, no encuentran nada. También veo cómo mis dos hijas mayores y sus parejas, están a punto o han perdido el trabajo. Y... yo al menos no veo ninguna luz al final del túnel. Al contrario, me da la sensación de que las cosas aún van a empeorar más, sobretodo para la clase trabajadora y los que menos tienen.
Pero... No quiero ponerme en plan aguafiestas.
A mí me gusta dar la vuelta a las cosas e intentar ver su lado positivo(si lo tienen, claro), o como mínimo buscar soluciones que nos permitan vivir lo mejor posible ajustando los gastos al máximo.
Como os he comentado, yo misma estoy viviendo en mi entorno más cercano el aumento de los problemas económicos.
Pero... ¿Eso nos tiene que aguar unas fiestas tan tradicionales, queridas y esperadas por todos?
Pues no.
Y me he propuesto festejar las Navidades con toda mi familia, sin dejar de organizar las tradicionales comidas y cenas que se imponen en estos días, componiendo y montando la típica decoración de estos días y sin que falte ni un sólo detalle.
Uuuuff!! Menudo gasto!! Pensará más de uno... Pero no. No tiene porqué ser así. Y me he propuesto demostrar que, con un poco de ingenio y tal vez un mucho de sentido innovador, se pueden hacer grandes cosas y sorprender muy gratamente a todos nuestros invitados.
Por eso, esta semana que viene en próximas entradas en este blog, os iré dando toda clase de ideas para que podáis celebrar la Navidad sin que falte ni un solo detalle y no tengáis que gastar más de la cuenta.
Hoy empezaremos por la decoración. Tal vez llego tarde y alguno de vosotros ya ha montado el Belén, el árbol, o ha decorado la casa.
Si no es así, os dejo unas cuantas ideas.
Este año podemos decidir no renovar nada de lo que tenemos. Todo sirve. Es más, todo está en perfectas condiciones... Bueno... A parte de un par de bolas del árbol que se rompieron el pasado año, esas pequeñas luces, que la mitad ya no funcionan, las guirnaldas que cada vez están más... peladas... Y alguna figurilla que otra del Belén que no aparece...
Pero todo tiene remedio.
Esta corona de tapones de corcho me parece muy chula, aunque tal vez, con un par de tallos de esparraguera bien enroscados y una cuantas hojas verdes, o unos toques de color dorado o plateado con sprays, ganaría algo de vida...
El árbol.
Yo primero coloco las luces. Y si hay algunas que no funcionan, lo que hago es que las enchufo, y las que funcionan las pongo más afuera, para que se vean, y las que no alumbran, son las que dejo entre las ramas. Apagadas se ven todas, y encendidas, las de delante esconden a las que no funcionan.
¡Faltan bolas para el árbol! Bueno, no todo se acaba con llenar el árbol de monótonas bolas...
¿Por qué no hacemos un poco de memoria y recordamos con qué adornábamos el árbol de Navidad cuando éramos pequeños?
Recuerdo que aquellos también eran tiempos muy difíciles y teníamos que ponerle mucha imaginación. Pero funcionaba. Todos colaborábamos, todos poníamos nuestro granito de arena, y el resultado era divino.
Un año que teníamos muy pocas bolas y poco presupuesto, entre todos nos pusimos una tarde a hacer pequeños paquetitos que luego forrábamos con papel de colores, les poníamos un lazo, y los colgamos todos en el árbol. Quedó precioso.
Los paquetitos tienen que ser muy chicos, para que no queden demasiado bastos y horteras.
Con cartón fino, sí, ese que tiramos a la basura, como son los embalajes de las latas de atún o de sardinas, los que envuelven los flanes, las cajas de cereales... Sólo hay que recortarlo y armar pequeñas cajitas.
Luego se forran con papel de colores. También tiramos mucho papel que sirve para eso. Por ejemplo el aluminio que envuelve las tabletas de chocolate, o los envoltorios de los caramelos, o cualquier papel que tengáis a mano.
Ya sólo faltan los lazos. No es nada difícil encontrar por la casa cintas y cordones de diferentes colores, con los que ataremos estas cajitas y haremos decorativos lazos.
Cuando los colguemos parecerá que el árbol esté lleno de pequeños regalos.
Y os aseguro que realmente es así, porque en la elaboración de estos adornos pueden colaborar absolutamente todos. Por ello, ya tenemos el mejor de los regalos: el amor, la unión familiar, una tarde inolvidable en familia.
Otro año, para no repetir, se nos ocurrió coger pasta de navidad, sí esa tan grande de hacer la escudella navideña, la pintamos con sprays dorados y plateados, les hicimos lazos con cordones finos de colores y... al árbol. Para que no quedara monótono, utilizamos también macarrones de gran calibre, espirales y todo lo que se nos puso a tiro... Original y con la satisfacción de haberlo hecho con nuestra imaginación y nuestras propias manos...
Os dejo un par de enlaces para que podáis encontrar más ideas. A mí, la de los cacahuetes y las bombillas viejas me gusta mucho...
http://curiosidadescuriosas.com/curiosidades-de-navidad/crear-adornos-navidad-baratos/
http://www.consumer.es/web/es/bricolaje/manualidades/2012/12/08/214611.php
Tampoco debemos olvidar lo que nos brinda la naturaleza. Si salimos un día al campo, podemos encontrar todo lo necesario y más para decorar nuestro árbol y nuestra casa.
Pero... ¡CUIDADO! No se os ocurra coger todo aquello que se os ponga por delante. Sabed que hay cosas, sobretodo plantas, que está prohibida su recolección. El motivo es sencillo. Para evitar su destrucción en determinadas zonas, por ejemplo los musgos, que la gente se llevaba a montones para luego tirarlo casi todo. Otra cosa que está prohibido son los arbustos con bayas, como el acebo, el famoso muérdago o el rusco. Su recolección masiva e indiscriminada puso en riesgo de extinción a esas plantas, y además sirven de alimento a muchas especies de animales, de ahí su prohibición.
Pero podemos recoger piñas secas, por ejemplo. Si buscamos bien, encontraremos algunas de diminuto tamaño. Estas, pintadas con los sprays dorados o plateados(o con el color que nos guste, claro), pueden servir para el árbol. Las más grandes, también pintadas, y con unas velas, unas hojas verdes grandes tipo de la magnolia o el níspero, y unas ramas de esparraguera, sirven para confeccionar unos hermosos centros de mesa...
Mmmm... ¿No creeis que nos hemos olvidado de alguna cosa?....
¡EL ÁRBOL!!! ¡NOS FALTA UN ÁRBOL!!!
Menudo lapsus. Hemos empezado la casa por el tejado. Sin un árbol en el que colgar las cosas, no vamos bien...
Vamos a por el árbol.
¡PROHIBIDO IR AL MONTE Y CORTAR EL PRIMERO QUE SE NOS PONGA POR DELANTE!
Esta es la mayor atrocidad que podemos cometer. Primero porque luego ya no sirve y hay que tirarlo, y en segundo lugar, porque si todos hiciéramos lo mismo, pronto el monte estaría más pelado que la calva de mi abuelo...
Lo ideal es comprarlo en algún mercado o tienda de estas que los venden en una gran maceta. Luego hay empresas que los recogen y los siembran de nuevo en el monte. Los que sobrevivan, claro. Lo bueno que tienen es que no son arrancados del monte. Han sido cultivados.
Si no nos podemos permitir uno de natural, en los bazares venden unos de plástico a muy buen precio y que nos van a servir para otros muchos años.
Y si ninguna de estas ideas os convence, os dejo otro enlace. Por ideas que no quede.
http://www.taringa.net/posts/imagenes/15432345/30-Arboles-de-navidad-originales.html
Ya me contaréis cual es vuestra elección...
Sea como sea, ya podemos ponernos manos a la obra y empezar a trabajar. Hay tiempo, pero no podemos dormirnos. Y no os olvidéis de los más peques. Ellos deben participar en toda la preparación de estas fiestas. Estas vivencias les quedarán gravadas en forma de agradables y entrañables recuerdos familiares, y lo más posible es que así se lo enseñen a sus propios hijos...
Ánimo y a trabajar. Mañana más....
jueves, 6 de diciembre de 2012
¿VIVIR CON MENOS O VIVIR CON MÁS?
Hace un par de días estaba tomando café con unos amigos y empezamos a conversar sobre cómo vivimos en la actualidad y cómo nos hemos acostumbrado a una serie de cosas de las que muchos de mis amigos decían no poder prescindir.
Empezamos recordando cómo era nuestra vida cuando éramos niños. Cómo eran las casas, cómo estaban acondicionadas, qué había en ellas, en qué condiciones vivíamos...
Haciendo memoria, una de las primeras cosas que nos vino a la memoria fue el intenso frío que pasábamos en invierno, y el asfixiante calor que no nos dejaba respirar en verano.
No había calefacción, claro, ni se conocía otro aire acondicionado que no fuera abrir una ventana. Pero muchas casas tenían chimenea, y con ella te calentabas, e incluso se cocinaba... Pero sólo si estabas a dos pasos de ella. En cuanto te alejabas un poco, ya te pelabas de frío. ¿Y en el resto de dependencias de la casa? Pues como mucho alguna estufa de petroleo o de gas, los tan típicos braseros, y poco más. En la mayoría de los casos, nada de nada. A la hora de ir a dormir, te calentabas bien frente a la chimenea, una carrerilla y a la cama bien acurrucado bajo un pesado montón de mantas. Tampoco existían los nórdicos de hoy en día, ni esas mantas que tanto calientan y pesan tan poco....
Las casa tampoco estaban preparadas para combatir el frío. Una de mis compañeras recordó entre risas que se había criado en una casa de campo y que sólo cuando hacía mucho frío, su padre les pedía que cerraran las compuertas exteriores, pero quedaban tan separadas del suelo que el gato pasaba por debajo con el rabo en alto...
A mí me recorrió la espalda un escalofrío sólo de recordar aquellas ventanas de madera que no ajustaban por ningún lado, y sus finos cristales de apenas un par de milímetros, que dejaban pasar más frío del que hacía en la calle.
¿Y en verano? Pues puertas y ventanas de par en par, abanicos, e incluso recuerdo a mi padre sacando un colchón o una manta y durmiendo en el patio...
Otra cosa que ha cambiado mucho es el hecho de ahora utilizamos el coche hasta para ir al lavabo. Pensémoslo. Cogemos el coche para todo. Para llevar a los niños al cole, para ir al trabajo, para ir a comprar el pan, tabaco o cualquier menudencia... Aunque el colegio esté a la vuelta de la esquina, el trabajo dos calles más abajo, y las tiendas de camino del trabajo...
Ya parece como si el coche se hubiera vuelto un anexo de nuestra vida. Y es el principal motivo de discrepancias con mi madre... Ella afirma que necesito un coche. Y yo le digo que no, que con la moto tengo más que suficiente.
Sus argumentos:
Para hacer la compra del mes.
Para ir a verla a ella, que reside a casi 100 km de mi casa.
Para ir al trabajo y no mojarme cuando llueve.
Para transportar cosas grandes.
Los míos:
Compro a diario, si quiero ir a verla hay transporte público, tengo traje de motorista y es impermeable, y para las cosas grandes, tengo hijas con coche o un montón de amigos...
Más cosas, y en esto coinciden todos mis amigos. Tal vez sea yo, el bicho raro, no sé...
Según todos, imprescindible el gas ciudad.
¿Seguro? Yo digo que no, que el gas butano me sirve igual. Tal vez no sea tan cómodo, pero cumple su función. Debo advertir que me gustan las cosas que requieren un cierto esfuerzo...
Que no necesito aire acondicionado en mi casa. Abro las ventanas o me abanico. Son pocos los días de calor inaguantable.
Tampoco necesito una casa muy grande para vivir. Necesito una cocina donde preparar comida, un baño, un comedor donde comer y estar con los míos, y un dormitorio. Nada más.
¿Para qué dos plantas? ¿Para pasarme el día subiendo y bajando escaleras?
¿Para qué dos o tres baños? ¿Para dejarme la piel limpiando?
¿Para qué tres o cuatro habitaciones? ¿Para tenerlas llenas de trastos inútiles?
¿Y para qué un montón de cosas en su interior si no las utilizo? Francamente, Ni idea.
He vivido así bastantes años. Con una casa y un coche bien grandes, con todas las comodidades, con todos los complementos y artilugios que supuestamente no deberían faltar en las casas. Pero... Cada vez me gustaba menos este tipo de vida. Tenía de todo, luchaba y trabajaba como una mona para tener de todo. Ja, ja. De todo no. No tenía lo principal. No tenía tiempo. No tenía vida.
Tenía que trabajar tanto que no me quedaba tiempo para mí, para vivir, para disfrutar.
Y llegué a la conclusión de que realmente no necesito mucho para vivir y ser feliz.
Necesito un techo que me cobije, pero no una gran casa. Un vehículo, pero no un gran coche. Calor en invierno, pero me apaño con chimenea y estufas de butano....
Necesito cosas útiles, no lujos. Puedo prescindir de muchas cosas, pero de lo que no puedo prescindir de ningún modo es del tiempo necesario para disfrutar de la vida, para estar con la familia y los amigos, para esos pequeños momentos en que un pájaro, una flor o una puesta de sol se convierten en un regalo para los sentidos.
Nací, me crié y viví en una casa humilde. Mejoraron los tiempos e intenté "mejorar" mi vida y mi entorno. Pero... Me equivoqué. Le dí valor equivocado a las cosas. Gané "cosas", perdí tiempo y felicidad.
Por fortuna recapacité y apliqué lo de "rectificar es cosa de sabios"...
Y volví a mis ideales, y a vivir según mis convicciones.
Supongo que todo esto es muy subjetivo y muy personal. Lo que a mí me guste, no tiene por qué gustar a los demás. Aunque, como ya he apuntado muchísimas veces, tal vez sea que yo... ¡Soy un bicho raro!
Empezamos recordando cómo era nuestra vida cuando éramos niños. Cómo eran las casas, cómo estaban acondicionadas, qué había en ellas, en qué condiciones vivíamos...
Haciendo memoria, una de las primeras cosas que nos vino a la memoria fue el intenso frío que pasábamos en invierno, y el asfixiante calor que no nos dejaba respirar en verano.
No había calefacción, claro, ni se conocía otro aire acondicionado que no fuera abrir una ventana. Pero muchas casas tenían chimenea, y con ella te calentabas, e incluso se cocinaba... Pero sólo si estabas a dos pasos de ella. En cuanto te alejabas un poco, ya te pelabas de frío. ¿Y en el resto de dependencias de la casa? Pues como mucho alguna estufa de petroleo o de gas, los tan típicos braseros, y poco más. En la mayoría de los casos, nada de nada. A la hora de ir a dormir, te calentabas bien frente a la chimenea, una carrerilla y a la cama bien acurrucado bajo un pesado montón de mantas. Tampoco existían los nórdicos de hoy en día, ni esas mantas que tanto calientan y pesan tan poco....
Las casa tampoco estaban preparadas para combatir el frío. Una de mis compañeras recordó entre risas que se había criado en una casa de campo y que sólo cuando hacía mucho frío, su padre les pedía que cerraran las compuertas exteriores, pero quedaban tan separadas del suelo que el gato pasaba por debajo con el rabo en alto...
A mí me recorrió la espalda un escalofrío sólo de recordar aquellas ventanas de madera que no ajustaban por ningún lado, y sus finos cristales de apenas un par de milímetros, que dejaban pasar más frío del que hacía en la calle.
¿Y en verano? Pues puertas y ventanas de par en par, abanicos, e incluso recuerdo a mi padre sacando un colchón o una manta y durmiendo en el patio...
Otra cosa que ha cambiado mucho es el hecho de ahora utilizamos el coche hasta para ir al lavabo. Pensémoslo. Cogemos el coche para todo. Para llevar a los niños al cole, para ir al trabajo, para ir a comprar el pan, tabaco o cualquier menudencia... Aunque el colegio esté a la vuelta de la esquina, el trabajo dos calles más abajo, y las tiendas de camino del trabajo...
Ya parece como si el coche se hubiera vuelto un anexo de nuestra vida. Y es el principal motivo de discrepancias con mi madre... Ella afirma que necesito un coche. Y yo le digo que no, que con la moto tengo más que suficiente.
Sus argumentos:
Para hacer la compra del mes.
Para ir a verla a ella, que reside a casi 100 km de mi casa.
Para ir al trabajo y no mojarme cuando llueve.
Para transportar cosas grandes.
Los míos:
Compro a diario, si quiero ir a verla hay transporte público, tengo traje de motorista y es impermeable, y para las cosas grandes, tengo hijas con coche o un montón de amigos...
Más cosas, y en esto coinciden todos mis amigos. Tal vez sea yo, el bicho raro, no sé...
Según todos, imprescindible el gas ciudad.
¿Seguro? Yo digo que no, que el gas butano me sirve igual. Tal vez no sea tan cómodo, pero cumple su función. Debo advertir que me gustan las cosas que requieren un cierto esfuerzo...
Que no necesito aire acondicionado en mi casa. Abro las ventanas o me abanico. Son pocos los días de calor inaguantable.
Tampoco necesito una casa muy grande para vivir. Necesito una cocina donde preparar comida, un baño, un comedor donde comer y estar con los míos, y un dormitorio. Nada más.
¿Para qué dos plantas? ¿Para pasarme el día subiendo y bajando escaleras?
¿Para qué dos o tres baños? ¿Para dejarme la piel limpiando?
¿Para qué tres o cuatro habitaciones? ¿Para tenerlas llenas de trastos inútiles?
¿Y para qué un montón de cosas en su interior si no las utilizo? Francamente, Ni idea.
He vivido así bastantes años. Con una casa y un coche bien grandes, con todas las comodidades, con todos los complementos y artilugios que supuestamente no deberían faltar en las casas. Pero... Cada vez me gustaba menos este tipo de vida. Tenía de todo, luchaba y trabajaba como una mona para tener de todo. Ja, ja. De todo no. No tenía lo principal. No tenía tiempo. No tenía vida.
Tenía que trabajar tanto que no me quedaba tiempo para mí, para vivir, para disfrutar.
Y llegué a la conclusión de que realmente no necesito mucho para vivir y ser feliz.
Necesito un techo que me cobije, pero no una gran casa. Un vehículo, pero no un gran coche. Calor en invierno, pero me apaño con chimenea y estufas de butano....
Necesito cosas útiles, no lujos. Puedo prescindir de muchas cosas, pero de lo que no puedo prescindir de ningún modo es del tiempo necesario para disfrutar de la vida, para estar con la familia y los amigos, para esos pequeños momentos en que un pájaro, una flor o una puesta de sol se convierten en un regalo para los sentidos.
Nací, me crié y viví en una casa humilde. Mejoraron los tiempos e intenté "mejorar" mi vida y mi entorno. Pero... Me equivoqué. Le dí valor equivocado a las cosas. Gané "cosas", perdí tiempo y felicidad.
Por fortuna recapacité y apliqué lo de "rectificar es cosa de sabios"...
Y volví a mis ideales, y a vivir según mis convicciones.
Supongo que todo esto es muy subjetivo y muy personal. Lo que a mí me guste, no tiene por qué gustar a los demás. Aunque, como ya he apuntado muchísimas veces, tal vez sea que yo... ¡Soy un bicho raro!
miércoles, 5 de diciembre de 2012
EL PODER DE LA VOLUNTAD
Es el caso por ejemplo de todas esas personas con alguna discapacidad que llevan una vida casi normal.
Personas sordas que aprenden a hablar y se comunican perfectamente con todos nosotros y que pueden llevar una vida de lo más normal.
Hombres y mujeres que les falta un brazo, una pierna (o las dos), una mano (o las dos), o cualquier otra parte de su cuerpo y que trabajan, van a comprar, viajan, tienen familia...
Invidentes a los que este contratiempo no les impide salir a la calle, trabajar, estudiar, hacer deporte...
Todo esto viene a cuento porque el otro día vi un reportaje en televisión que me dejó muda.
Yo siempre he tenido bien claro que, una minusvalía, no era motivo para no llevar una vida más o menos normal. Pero siempre había pensado que habría limitaciones y cosas que no se podrían realizar... Pero una persona, ciega de nacimiento, me hizo ver y comprender que las cosas no son así, que con voluntad y muchas ganas, se puede llevar una vida completamente normal, y se pueden hacer cosas que, en muchos casos, las personas que no tenemos ninguna minusvalía no nos atrevemos ni ha soñar...
Ha subido al Aconcagua, al Mont Blanc y al Kilimanjaro... Hizo el Camino de Santiago en bicicleta - tándem, saltó en paracaidas, hizo submarinismo, corrió maratones...
Cantante, hizo radio, cine, teatro, televisión...
Casado y con una vida de lo más normal...
Para los que quieran conocer algo más de él, dejo este enlace.
http://www.casibien.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=60&Itemid=29
Como se puede apreciar, su ceguera de nacimiento no le ha impedido en ningún momento realizar todo tipo de actividades, deportes, y gestas que muchos de nosotros seríamos incapaces de llevar a cabo.
Tal vez alguien se preguntará ¿Cómo puede, una persona invidente, hacer tales cosas?
El reportaje en cuestión que ví era el de la subida a los tres picos de la Comunidad Valenciana en 24 horas y sin apoyo logístico, solo por sus propios medios...
Aunque le ayuden y le guíen, si ya es complicado para alguien con buena vista... Y no uno, tres picos en 24 horas... Subirlos y bajarlos, por senderos estrechos y muy empinados, con riesgo de bajar la montaña rodando... Y escalar montañas de primera categoría... El camino de Santiago desde Navarra...Y ¿Para qué, si no va a poder disfrutar del paisaje ni de las vistas? Y..¿Cómo, si no se ve por donde se anda?
Pues muy sencillo. Todo esto se consigue con mucha voluntad y tenacidad, luchando muy duramente a veces por conseguir sacar adelante los mismos planes o proyectos que podamos tener cualquiera de nosotros y con un gran espíritu de superación.
Y el porqué... Supongo que, como cualquiera de nosotros, por satisfacción propia, por conseguir realizar estos proyectos, para disfrutar de una actividad que le gusta... Porque el hecho de no ver no impide caminar, o nadar, o cantar, o... lo que sea.
Y... Es que hay muchas maneras de "ver" un paisaje o unas vistas, de gozar de la vida y de sentir el placer de conseguir aquellas metas que nos proponemos. Y una de ellas es el corazón. La satisfacción de haber llegado, de haber conseguido esos retos, de tener esos inestimables amigos que te acompañan y te guían en estas gestas... No todo se queda en una buena vista...
A esto le llamo yo el poder de la voluntad.
Y es que a veces solemos caer en el error de pensar que una persona con alguna minusvalía es una persona que no puede vivir igual que las demás, que sus carencias le van a impedir realizar ciertas cosas...
Pues está bien claro que no es así.
Estas cosas nos tendrían que hacer abrir los ojos y ver que la vida es muy hermosa y que ni siquiera una ceguera puede eclipsar su brillo.
domingo, 2 de diciembre de 2012
EL CARTERO EN NAVIDAD
Se acerca la Navidad, una bonita época para los carteros.
Aumenta el trabajo, pero también aumenta la alegría y el placer de saber que llevamos muestras de cariño, felicitaciones y regalos.
En estos días aumenta considerablemente el volumen de objetos, tanto de cartas y tarjetas postales como de paquetes de todos los tamaños.
Y es en estos días cuando nos encontramos con las situaciones más curiosas.
Por ejemplo, el familiar del pueblo, que quiere felicitar la Navidad a su família, pero... no recuerda su dirección exacta. ¡Claro! Desde que se puso de moda la llamada telefónica en lugar de aquella cariñosa y emotiva carta que se escribía a vuelta de correo, y se podía leer y releer las veces que se quisiera...
Los familiares y amigos que tenemos esparcidos por el mundo, ya no recuerdan ni nuestra dirección...
¿Y qué hacen para asegurarse de que su felicitación va a llegar a nuestras manos? Pues en el espacio reservado para la dirección, aportan todos los datos que pueden.
Nos hemos encontrado con cosas tan sorprendentes como, un señor que no recordaba el número exacto de la casa de sus parientes, y escribió:
"calle tal, no recuerdo el número, pero es la casa del fondo a la derecha, la de las puertas de color verde..."
Con estas indicaciones, casi siempre solemos conseguir identificar al destinatario de la carta.
El problema surge cuando aquel señor hace muchos años que no viene a ver a su familia, la calle ha crecido y las puertas han cambiado de color...
En estos casos es cuando echamos mano de nuestra vena de investigadores. Primero preguntamos a los vecinos por si alguien reconoce al destinatario, y si nadie le reconoce, tratamos de hacer memoria, por si recordamos nosotros mismos quien puede ser esta persona, preguntamos a nuestros compañeros, por si se hubiera mudado a otra zona y alguien lo conociera, y en la mayoría de las ocasiones acabamos encontrando a la persona.
La verdad es que duele mucho tener que devolver a origen una felicitación de Navidad por no llegar a encontrar al destinatario.
Al menos a mí me duele. Siempre me imagino lo mal que me sentaría a mí misma que alguna de mis felicitaciones de navidad no pudieran llegar a su destino...
Otra cosa con la que nos encontramos en estas fechas es con el considerable aumento de paquetes y paquetitos. Y el nerviosismo de la gente que los está esperando. ¡Normal! Suelen ser regalos.
"Cartero, cartero... Estoy esperando un paquete que me han mandado del pueblo..."
"No se preocupe, que en cuanto llegue se lo traigo..."
Y lo mejor de todo, la cara de alegría y satisfacción cuando lo reciben. Sobretodo si se trata de personas mayores, que aun tienen al correo como aquel entrañable medio de comunicación que en fechas señaladas como estas les une un poco más con los familiares lejanos...
Por duros que sean los tiempos, por mal que nos vayan las cosas, no debemos perder la ilusión.
Y no es nada difícil hacer feliz a la gente en cosas tan sencillas como ayudarles a mantener viva la ilusión, la magia y la fantasía de la Navidad...
Aumenta el trabajo, pero también aumenta la alegría y el placer de saber que llevamos muestras de cariño, felicitaciones y regalos.
En estos días aumenta considerablemente el volumen de objetos, tanto de cartas y tarjetas postales como de paquetes de todos los tamaños.
Y es en estos días cuando nos encontramos con las situaciones más curiosas.
Por ejemplo, el familiar del pueblo, que quiere felicitar la Navidad a su família, pero... no recuerda su dirección exacta. ¡Claro! Desde que se puso de moda la llamada telefónica en lugar de aquella cariñosa y emotiva carta que se escribía a vuelta de correo, y se podía leer y releer las veces que se quisiera...
Los familiares y amigos que tenemos esparcidos por el mundo, ya no recuerdan ni nuestra dirección...
¿Y qué hacen para asegurarse de que su felicitación va a llegar a nuestras manos? Pues en el espacio reservado para la dirección, aportan todos los datos que pueden.
Nos hemos encontrado con cosas tan sorprendentes como, un señor que no recordaba el número exacto de la casa de sus parientes, y escribió:
"calle tal, no recuerdo el número, pero es la casa del fondo a la derecha, la de las puertas de color verde..."
Con estas indicaciones, casi siempre solemos conseguir identificar al destinatario de la carta.
El problema surge cuando aquel señor hace muchos años que no viene a ver a su familia, la calle ha crecido y las puertas han cambiado de color...
En estos casos es cuando echamos mano de nuestra vena de investigadores. Primero preguntamos a los vecinos por si alguien reconoce al destinatario, y si nadie le reconoce, tratamos de hacer memoria, por si recordamos nosotros mismos quien puede ser esta persona, preguntamos a nuestros compañeros, por si se hubiera mudado a otra zona y alguien lo conociera, y en la mayoría de las ocasiones acabamos encontrando a la persona.
La verdad es que duele mucho tener que devolver a origen una felicitación de Navidad por no llegar a encontrar al destinatario.
Al menos a mí me duele. Siempre me imagino lo mal que me sentaría a mí misma que alguna de mis felicitaciones de navidad no pudieran llegar a su destino...
Otra cosa con la que nos encontramos en estas fechas es con el considerable aumento de paquetes y paquetitos. Y el nerviosismo de la gente que los está esperando. ¡Normal! Suelen ser regalos.
"Cartero, cartero... Estoy esperando un paquete que me han mandado del pueblo..."
"No se preocupe, que en cuanto llegue se lo traigo..."
Y lo mejor de todo, la cara de alegría y satisfacción cuando lo reciben. Sobretodo si se trata de personas mayores, que aun tienen al correo como aquel entrañable medio de comunicación que en fechas señaladas como estas les une un poco más con los familiares lejanos...
Por duros que sean los tiempos, por mal que nos vayan las cosas, no debemos perder la ilusión.
Y no es nada difícil hacer feliz a la gente en cosas tan sencillas como ayudarles a mantener viva la ilusión, la magia y la fantasía de la Navidad...
sábado, 1 de diciembre de 2012
2012 FIN DEL MUNDO - DONDE SOBREVIVIR
Hoy he descubierto una noticia curiosísima.
El día 21 de diciembre finaliza el calendario maya, y según toda una serie de profecías supuestamente dictadas por los mayas, este será el fin de los tiempos, de la Humanidad, y de todo lo que conocemos.
Nadie se pone de acuerdo en como será este supuesto... cataclismo, armagedón o fin del mundo.
Una de las teorías hace referencia a la gran alineación cósmica que tendrá lugar a la salida del sol del día 21 de diciembre de 2012.
Esta gran alineación sólo se produce cada 26.000 años. El sol quedará en perfecta alineación con el centro de la galaxia y el resto de los planetas, y por su posición se dibujará en el cielo una gran cruz de estrellas y planetas. Esta cruz cósmica se considera una encarnación del Árbol Sagrado de la Vida, un árbol nombrado en todas las creencias y tradiciones espirituales de todo el mundo.
También se especula con la posibilidad del impacto de un gran meteorito, de descomunales tormentas solares que literalmente nos achicharrarán a todos, grandes cataclismos producidos por fenómenos atmosféricos... Creo que ya se ha perdido la cuenta de la cantidad de cosas que se han anunciado para este fatídico día. En lo que sí se ponen de acuerdo todos los fieles, creyentes y seguidores de estas leyendas mayas, es en que en esta fecha tendrá un cataclismo sin precedentes y que la Humanidad y todo lo que nos rodea dejará de ser tal y como lo conocemos para... Tampoco en esto he encontrado demasiada unanimidad de ideas. Unos dicen que todo desaparecerá de la faz de la Tierra, otros que no, que se iniciará una nueva manera de ser y de vivir, más espiritual, menos física... Pero sea lo que sea se prevee algo gordo, muy gordo para el día 21 de diciembre de 2012.
Pero...
¡Tranquilos! ¡Que no cunda el pánico! ¡No todo está perdido!
Unos pocos tendrán la posibilidad de salvarse.
¿Quienes serán los afortunados? Los que estén en el momento oportuno en el lugar apropiado.
Y... ¿Cual es ese lugar? ¿Y ese momento?
Ahí biene lo bueno. El lugar:
Pues ni más ni menos que un diminuto pueblo francés, de unos 200 habitantes, llamado Bugarach, situado en el departamento de Aude, en la región de Languedoc-Roussillon.
El momento:
El 21 de diciembre de 2012.
¿Y qué tiene de especial Bugarach? Una montaña.
En este pueblo se encuentra el Pico de Bugarach, de 1. 231m de altura.
Algunos ufólogos aseguran que este será uno de los pocos puntos de la Tierra en que se podrá sobrevivir al cataclismo, y es que, según sus teorías, la cima de este monte alberga algo así como un cosmódromo construido con piedras mágicas y que sirve de refugio para extraterrestres.
Se dice que, el día del armagedón, estos extraterrestres abandonarán nuestro planeta desde la cima de este monte y se llevarán consigo a un reducido grupo de seres humanos. Los que estén allí en aquel momento...
Y ya tenemos el momento oportuno y el lugar apropiado.
Es por este motivo que muchas personas ya se han inastalado al pie de esta montaña, a la espera de que cuando llegue el momento del gran cataclismo, los extraterrestres los hagan subir a su nave espacial para salvarlos.Formarían parte así de un pequeño grupo de elegidos que sería guiado hacia la siguiente edad de la historia, en algún remoto lugar del espacio.
Pero... ¿Qué hace que sea este un sitio tan especial?
Pues simplemente un hecho natural y que en geología es conocido como cabalgamiento o falla de cabalgamiento, y que consiste en una rotura de la corteza terrestre a través de la cual se produce un desplazamiento el que, las rocas de posición estratigráfica inferior, las más antiguas, son empujadas hacia arriba, por encima de los estratos más recientes. Estas fallas de cabalgamiento son el resultado de grandes fuerzas de compresión.
Y són estos estratos geológicos situados al revés de lo que es habitual, lo que ha hecho famosos a este pueblo y su montaña.
Los ufólogos, esotéricos y seguidores de la New Age, creen que esta montaña es un lugar magnético de la Tierra y atribuyen dicho fenómeno a un refugio construido por extraterrestres.
Pero si alguno de vosotros está pensando ahora mismo en abandonarlo todo y dirigirse a Bugarach, en un desesperado intento de salvarse de la destrucción del próximo 21 de diciembre, más que nada por si todos esos vaticinadores del desastre estuvieran en lo cierto, que ni lo intente. Sería una pérdida de tiempo, puesto que las autoridades francesas ya hace días que han acabado con toda esperanza de sobrevivir al desastre para quienes no se hayan instalado ya en Bugarach.
El caso es que en los últimos meses, este diminuto y tranquilo pueblo ha experimentado un aumento tan grande de población, demanda de alojamiento, gente instalándise al pie de la montaña en tiendas de campaña, que el alcale ha anunciado que prohibirá el acceso a la montaña de Bugarach 3 días antes y 2 días después de la fecha apocalíptica. Y para impedir el acceso a todos aquellos que busquen salvarse subiendo a su cima, la prefectura movilizará a un centenar de agentes policiales.
Esta decisión se toma por varios motivos:
Para evitar suicidios colectivos, nada extraños en casos como este en que la gente se cree frente a un final inminente e inevitable y es alentada por falsoa profetas, gurús y visionarios de toda clase.
Por la multitudinaria invasión de curiosos y miembros de sectas de todo tipo que están deteriorando el patrimonio natural de la zona.
Según el alcalde, muchas personas pican las rocas y escarban en los campos y sembrados en busca de "piedras mágicas" que los protejan y permitan que los extraterrestres los localicen...
Lo que antes era un pueblo tranquilo y pintoresco se ha convertido en un circo y un zoológico. A medida que se aproxima la fatídica fecha, han aumentado los viajes y rituales esotéricos hacia la cima de esta montaña. Según el alcalde, el año pasado les visitaron más de 20 mil personas. Pero es que en lo que va de año, ya les han visitado más de 20 mil personas...
Y ya están cansados de ver toda clase de rarezas en los rituales que se llevan a cabo.
Algunos esotéricos se desnudan para subir a la cima, o para realizar círculos de sanación, o escalan la montaña llevando una pelota con un anillode oro, unidos por un solo hilo...
El hecho de que hace diez años se publicara la foto de un supuesto OVNI sobrevolando la montaña, tomada por un lugareño ya fallecido, y que afirmó haber visto extraterrestres y haver oído el zumbido de sus naves, también ha contribuído a que esta zona se haya considerado un punto de entrada y salida de estos seres.
¿Histeria colectiva?
¿Firme creencia en las profecías mayas?
¿O tal vez un gran cuento chino inventado para que un puñado de... esotéricos y videntes se hagan ver y notar y sus libros, manuales, y posibles claves para la supervivencia se vendan como churros?
Sea lo que sea, el caso es que se ha armado la de Diós. El mismo alcalde bromea y dice que organizará una gran fiesta para el día 22 de diciembre en la que ofrecerá vino y queso para consolar a todos los esotéricos cuando se den cuenta de que la fecha pasó sin mayor novedad. En unos comentarios dejados en un post, alguien preguntó en plan sarcástico:
"¿Organizamos unos autobuses o qué?"
A lo que otra persona contestó:
"Estaría bien, pero para llegar allí el día 22 y ver las caras de todos los que se han juntado allí..."
Como mínimo, curioso...
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