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martes, 20 de noviembre de 2012

OLLANTAYTAMBO




Ollantaytambo, es una población situada en el Valle Sagrado de los Incas, al sur del Perú, a unos 90 km  al noroeste de Cuzco y 40 del complejo arqueológico de Machu Pichu. Su altitud sobre el nivel del mar es de unos 2. 792 m y es la única ciudad del incanato de Perú que todavía hoy en día está habitada.
La palabra Ollantaytambo está formada por dos partes.
-Ollantay,  que procede del aimara y significa observar, mirar desde lo alto.
-Tambo, que procede del quechua y significa albergue, lugar de reposo.
Por tanto, el significado de Ollantaytambo sería: "lugar de descanso de donde se puede observar desde lo alto"
Las ruinas de sus edificios comprenden zonas de habitaciones, templos y otros recintos cuya función aún no se ha podido determinar. Estos edificios fueron construidos por Pachacútec, que fue el noveno gobernante del estado inca, tras haber conquistado y destruido la tribu que ocupaba aquel lugar por negarse, según se cuenta, a pagar los impuestos que los incas les reclamaban.


Canales de agua y callejuelas estrtechas...

Ollantaytambo es un típico ejemplo de la extraordinaria planificación urbana de los incas, por lo que es un punto de visita obligado para todos aquellos que estén interesados en esa antigua, sorprendente y enigmática civilización.

Sus serpenteantes callejuelas empedradas, las ruinas de diferentes monumentos y edificaciones esparcidas por todas partes, sus terrazas agrícolas, la fortaleza desde donde se defendió la ciudad de los conquistadores españoles... son atractivos que destacan por sí mismos y que el visitante puede apreciar en todo su esplendor.
Pero lo más sorprendente de todo el recinto, lo que de verdad deja sin aliento a todo aquel que sube a admirarlo de cerca, es El Templo del Sol, desde donde se pueden apreciar magníficas vistas del Valle Sagrado de los Incas.


Y donde de nuevo nos vamos a quedar boquiabiertos ante otra construcción megalítica de proporciones colosales.


Este es el Templo del Sol


El templo del Sol se encuentra en la parte más alta de un cerro que está protegido en su parte baja por imponentes muros de contención, para evitar el deslizamiento de las tierras. Las laderas del cerro están cubiertas de terrazas donde se cultivaban el maíz, la quinua, las papas y otros alimentos.
Y en la cima, en la parte más alta es donde encontramos los restos de la fortaleza y el enigmático Templo del Sol.
En realidad, pocos se ponen de acuerdo en la auténtica finalidad ni la antigüedad real de estos restos de la Fortaleza y del Templo del Sol. Y no les falta razón.

El día que visité este recinto arqueológico y pude ver y observar con mis propios ojos aquellos restos, me dí cuenta de que, lo mismo que me sucedió en Sacsayhuamán, algo no encajaba en las versiones oficiales sobre la edificación y su antigüedad. Y esta es una sensación que me acompañó por casi todos los recintos arqueológicos de la zona que fui visitando.
Aquel día un sol radiante me acompañó durante toda la visita a aquel lugar.


Por la mañana visité el pueblo antiguo,que se extiende al pie del cerro y donde se pueden contemplar las callejuelas de piedra longitudinales y transversales, canales de agua, fuentes de agua potable y muros silenciosos que invitan a descubrir el rastro de una avanzada y admirada cultura que desarrolló complejas obras hidráulicas, la ingeniería y la arquitectura con una destreza impresionante.


Sorprendentes fuentes ornamentales


En la planificación del pueblo se puede observar la distribución de los diferentes espacios según la funcionalidad que debían desempeñar, entre los que destacan las zonas urbanas, con sus calles y plazas,  los sitios religiosos, canalización y distribución de agua a través de canales y fuentes ornamentales, centros agrícolas, murallas. cementerios, canteras... Y este es el único pueblo que ha llegado hasta nuestros días todavía habitado.
Por eso, Ollantaytambo es considerada como la Ciudad Inca Viviente.
Tras una detenida visita por el pueblo inicié el recorrido por el camino que conduce a la parte alta del cerro, donde se encuentra uno de los monumentos más enigmáticos de Perú: el Templo del Sol.


Llegué al pié del cerro y lo primero con que me topé fue con los grandes muros de contención y las terrazas de cultivo. Y unas empinadas escaleras que me separan de la cima.



De nuevo aparecen las grandes piedras perfectamente ensambladas, aquí en los imponentes muros de contención.








150 escalones, una pesadilla por los efectos del mal de altura.


Eran sólo 150 escalones. Una nimiedad, pensará más de uno. También yo lo pensé. Grave error.

Cuando empecé a subir por los empinados escalones me dí cuenta de que no es tan fácil. A pesar de haber superado ya un poco el mal de altura y haberme habituado a la escasez de oxígeno, cuando había subido unos pocos escalones me di cuenta de que esta no iba a resultar una tarea fácil. El leve ejercicio que supone subir unas escaleras se puede convertir en una tortura cuando el oxígeno es escaso. Tres descansos tuve que hacer para subir la totalidad de los 150 escalones.
Pero el esfuerzo valió la pena.



La fortaleza. De nuevo las grades piedras de andesita, perfectamente encajadas incluso en sus irregularidades.


Lo primero que se mostró delante de mis ojos fueron los restos de lo que se reconoce debió de ser una fortaleza militar. El lugar era el más idóneo, se dominaba todo el pueblo y gran parte del Valle desde aquella cima, y la forma de aquellos muros así parecía indicarlo. Según cuentan las crónicas, en esta fortaleza se libró una cruenta batalla. Los guerreros, para defender a su soberano de los conquistadores españoles, se ponían frente a las puertas con su cuerpo desnudo como única protección y armados con piedras, arcos y flechas, contra las armas de fuego que ya tenían los españoles. Se dice que los españoles con sus caballos tuvieron que trepar por encima de los montones de cadáveres para entrar en el recinto una vez conquistado.

Observé detenidamente aquellos muros y reconocí el clásico estilo supuestamente incaico: Grandes piedras de andesita, encajadas las unas con las otras de manera que no pasaba ni una cuchilla entre ellas y con aquel acabado tan liso y brillante que caracterizaba todas aquellas construcciones.
Rodeé la Fortaleza y la visión de una fantástica construcción de proporciones ciclópeas se me presentó ante mis ojos. El Templo del Sol.
Bueno, al menos así es como se le ha catalogado... Aunque para mí, según lo que pude apreciar, podría haberse tratado de cualquier cosa...
Este... "templo", está constituido por seis descomunales bloques de granito rosa cuadrangulares, de unas 100 toneladas cada uno, y encajados milimétricamente los unos con los otros, formando una especie de muro que desafía cualquier razonamiento sobre su construcción, su edad y su función.
A diferencia de otras construcciones parecidas, en este caso se había insertado una fina lámina de piedra entre bloque y bloque, cuya función podría haber sido la de servir de amortiguador en caso de terremotos.


El Templo del Sol. Sólo comparándolo con una persona podemos apreciar La magnitud de esos seis bloques de granito rosa.
Y en esta fotografía se pueden apreciar las finas juntas de piedra entre bloque y bloque. ¿Tal vez para hacer de amortiguador en caso de terremoto?


Y esto era el "Templo del Sol". Como podréis comprender, aquella especie de muro de colosales dimensiones podría haber sido cualquier cosa.

Es curioso que, cada vez que se descubre alguna construcción o resto arqueológico al que no es posible atribuirle una funcionalidad en concreto, se le asigna la categoría de templo o recinto religioso. Y por lo poco que queda de lo que hubiera habido en la cima de aquel cerro, sólo aquel impresionante muro con sus seis colosales bloques de granito rosa perfectamente encajados, a mí jamás se me ocurriría afirmar que aquello hubiera sido un templo.
No tardé en tener la sensación de que me hallaba ante los restos de unas construcciones realizadas en épocas muy diferentes. Las diferencias en los estilos así parecían confirmarlo. Y el Templo del Sol era el más antiguo. No se trata de desmerecer para nada a la cultura inca, pero como ya me había sucedido en otros sitios, la idea de que no fueron los incas sus constructores, que ellos ya encontraron levantadas estas colosales construcciones y lo que hicieron fue ocuparlas y adorarlas como el legado de sus dioses, unos dioses que parecen haber estado en muchos sitios diferentes acompañando e instruyendo una incipiente humanidad, en un tiempo muy remoto, afloró en mi mente.





¿No os parece chocante, que a estas tres edificaciones se les atribuya la misma época?
A mí me parece distinguir estilos completamente diferentes.



Lo que no entenderé nunca es cómo, los monumentos que se construyeron con las piedras más colosales y que a veces pesan centenares de toneladas, con una incomprensible técnica para unir esas piedras entre sí a la perfección por desiguales que sean, talladas con... vete a saber qué clase de herramientas capaces de cortar el granito y la dura andesita... ¿Cómo pueden haber llegado a este grado de degradación, con solo unos pocos siglos de antigüedad? Las construcciones realizadas con esas piedras no se derrumban así como así... En cambio, otras construcciones, incluso de culturas y civilizaciones más antiguas, por ejemplo los monumentos de la época de los romanos en Roma, Iglesias y catedrales por toda Europa... esos monumentos sí, siguen en pié. Realmente muy curioso...

La primera pregunta que se me planteó al llegar frente a esa construcción fue: ¿De dónde salieron aquellos colosales bloques de granito rosa?
-De una cantera que se encuentra en la montaña de enfrente, a poco más de cuatro km...
¡Ah, claro! ¡En la montaña de enfrente...! Ya la tenemos liada...
Resulta que, para acarrear aquellas "piedrecitas" de unas cien toneladas cada una hasta lo alto de aquel cerro, habían acudido a una cantera situada en la montaña de enfrente, habían extraído y cortado aquellos enormes bloques de duro granito rosa, los habían bajado hasta el valle, habían atravesado el río, y los habían arrastrado montaña arriba, por un desnivel por el que no subirían ni las cabras, hasta su emplazamiento, no sin antes ponerlos en posición vertical y unirlos entre sí con una fina lámina de piedra pero de tal manera que ni una hoja de afeitar se puede introducir en sus juntas.
Veamos. ¿Cómo se supone que procedieron para su transporte? Los científicos se apresuran a contestar que "como en otras construcciones similares, con cuerdas y rodillos de madera, y cientos de hombres..."


¿Y el río? ¿Cómo hicieron para cruzar el río Vilcanota?

Este río parece poca cosa, pero es bastante bravo.

 Y de nuevo, en un alarde de supuesto conocimiento, se apresuraron en explicarme su teoría.
-"En primer lugar se creó un canal paralelo al río para secar su lecho original. Cuando estuvo seco, se trasladaron las piedras a la zona antes ocupada por el agua y finalmente se les devolvió a las aguas su cauce original.Y ya sólo quedaba arrastrarlas o empujarlas hasta la cima..."
Y con esta explicación  se quedan tan anchos.
Lo del río, es una solución ingeniosa y bastante coherente. Pero lo de subirlas luego montaña arriba...
Dí una vuelta por allí y me mostraron el camino que supuestamente utilizaron para transportar las piedras.
¡No me lo podía creer! Sí, en un lado del cerro se podía ver el trazado de lo que podía haber sido una senda, pero... por lo empinado del terreno, me atrevo a decir que es del todo imposible que por allí subieran aquellos pesados bloques de granito. Es un terreno pedregoso y muy, muy empinado. Además, su anchura era del todo insuficiente para el paso de aquellas enormes piedras y el séquito de hombres que supuestamente tiraban de ellas...
Y luego aún quedaba el problema de los árboles que se hubieran necesitado para hacer los rodillos, y que no sé de donde los habrían sacado puesto que por allí, a aquellas alturas no hay árboles... Y las cuerdas, y los cientos de hombres para cada construcción, que si tenemos en cuenta que estas monumentales construcciones se realizaron masivamente, debieron de ser miles o cientos de miles los que se debieron de necesitar...


¿Cómo cortaban las piedras? ¿A pedradas?


¡Ah! Y por último, también deberíamos tener presente que se nos escapa otro "pequeño" detalle. Los arqueólogos y los científicos nos piden que creamos que esas enormes, duras y macizas rocas de granito o de andesita fueron cortadas, talladas y encajadas con herramientas de piedra o, como mucho, de bronce. Pero...
Estas teorías son absolutamente ridículas, puesto que no se ha encontrado por ningún lugar ninguna herramienta o utensilio capaz de cortar o desconchar la andesita, piedra muy utilizada en estas construcciones. Tampoco se ha fabricado nunca ningún tipo de bronce capaz sólo de hacer una muesca en ellas...
 Recientemente se ha descubierto que en una época muy remota, posiblemente unos 10.000 años a.C, se produjeron unas terribles inundaciones en lo que es actualmente Brasil y el Escudo de las Guayanas, y muy posiblemente por otras zonas del planeta. Tan devastadoras fueron estas inundaciones que su recuerdo ha perdurado a lo largo de los siglos y los milenios en forma de leyenda, la del Diluvio Universal. Los antiguos pobladores de aquellas zonas se dirigieron hacia las zonas altas de los Andes para escapar de las aguas. ¿Quienes fueron esos misteriosos hombres? ¿Qué conocimientos poseían? ¿Pudieron ser estos hombres, fugitivos de un terrible cataclismo que asoló su mundo, los poseedores del conocimiento y la tecnología necesarios para llevar a cabo esas colosales construcciones?
De hecho, una de las cosas que más me llamó la atención, es el grado de destrucción que presentan algunas de estas construcciones, ya lo he comentado antes. Me parecía sorprendente que, si todas esas construcciones eran de la misma época como se me intentaba hacer creer, del 1200 al 1500 d.C más o menos, mientras algunas mantenían gran parte de su estructura intacta, otras, y cosa curiosa la más grandes y de piedras más imponentes, estaban tan degradadas que, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera hay manera de saber a ciencia cierta cómo eran ni para qué eran utilizadas.
 

¿Seguro que són de las mismas fechas?

Y la superposición de estilos, siempre guardando la misma línea, daba la sensación de que me encontraba ante una clara superposición de edades.
Mi teoría, y tal vez la de algunas personas más, es que la base, los cimientos, y  en general la mayoría de las construcciones megalíticas o en las que se emplearon les técnicas del encaje perfecto, son muy anteriores a los incas. Éstos las encontraron y aprovecharon unos cimientos y unos muros a medio derruir para construir sus propios edificios. Todo lo que son templos o piedras de descomunal tamaño, debieron de ser dedicados al culto o adoradas por su propia magnificencia. Con esto no pretendo menospreciar los conocimientos de la civilización inca, puesto que fueron capaces de aprender y desarrollar una magnífica cultura, pero sólo utilizando un poco de sentido común nos daremos cuenta de que por todas partes hay señales de unos conocimientos y unas tecnologías que parecen haberse evaporado para siempre...
Como en otros muchos lugares, parece como si el avance de la civilización hubiera seguido el sentido contrario al progreso. Es decir, parece como si estas enigmáticas civilizaciones con esos soberbios conocimientos hubieran surgido de la nada y, con el avance del tiempo se hubiera ido difuminando y perdiendo... Normalmente es al revés. Se empieza con construcciones de mala calidad y se van perfeccionando...
Cómo siempre, me da la sensación de que algo no encaja...








domingo, 16 de septiembre de 2012

SACSAYHUAMAN


Toda mi vida sospeché que en la versión de la historia de la Humanidad que se nos contaba, algo no encajaba.
Hasta que decidí ver, observar y estudiar por mí misma estos claros vestigios de un pasado que parece perderse en las brumas de un tiempo muy remoto.
El viaje que hice a Perú, y otro anterior a Méjico, me dieron la oportunidad de juzgar por mí misma una realidad que, según pude apreciar, era muy diferente de lo que me habían hecho creer...
Las conclusiones, opiniones y deducciones de este y otros artículos que voy a seguir publicando, son el resultado de muchas horas de estudio, y de muchas comprobaciones in situ que me han hecho comprender que debemos abrir los ojos y la mente a estas evidencias.

El mismo viaje en el que tuve el privilegio de sobrevolar las Líneas de Nazca, en Perú, me llevó a visitar el recinto arqueológico de Sacsayhuaman.
Sacsayhuaman se encuentra situado a unos 3 km de la ciudad de Cusco y a unos 200 metros de altura sobre ella, sobre la parte alta de una montaña y abarca algo más de 3.000 hectáreas. Es otra obra ciclópea de la arquitectura incaica. Al menos esto es lo que nos han hecho creer hasta ahora.
Tal vez esta sea la más asombrosa, monumental y de mayores dimensiones de todas las construcciones.
Lo primero que llama la atención al llegar es su grandiosidad. 




Vista parcial del conjunto.Podemos comparar el tamaño de las piedras con las personas.


A pesar de que de sus antiguas construcciones solo quedan las ruinas, no pasa desapercibido el hecho de que en su momento debió de albergar algún tipo de construcción imponente, de proporciones casi inimaginables. Y no solo por las desmesuradas dimensiones de algunas de las piedras que se utilizaron en su construcción, sino también por la enorme extensión de terreno que ocupa.





Esta es una preciosa vista aérea del conjunto. En ella se puede apreciar su grandiosidad. Para hacernos un idea, sólo hay que tener en cuenta que, esa especie de "sierra", que hay en la parte superior, es la muralla exterior, la de la foto anterior y que está construida con las piedras más grandes...

Los arqueólogos, científicos e investigadores no se ponen de acuerdo en cuanto a su antigüedad, cómo se construyó y para qué fin. Al quedar sólo la piedra y no haber rastros de materia orgánica, no se puede datar por el carbono 14. Sólo se pueden utilizar las crónicas( nada fiables, por cierto ), los restos de cerámica o utensilios hallados en tumbas o por los alrededores( cosa que no certifica que los que dejaron estos restos fueran sus constructores. Pudieron encontrarlos ya construidos ), y poca cosa más.
La teoría más aceptada por los arqueólogos, es que Sacsayhuaman se construyó durante el imperio incaico. Dicho imperio floreció en la zona andina entre los siglos XV y XVI. O sea, entre 1.400 y la época de la conquista española.
Según diversos escritos de los cronistas oficiales, para construir esta monumental fortaleza se tardaron entre 60 y 75 años, se empleó la fuerza de los brazos de entre 20.000 mil a 30.000 hombres, y se finalizó en 1508, por lo que tuvo que iniciarse sobre 1.440
Pero el cronista Garcilaso de la Vega nació en 1530 y vivió a la sombra de sus muros. Por lógica tendría que haber visto todo el complejo en todo su esplendor, y haber conocido a alguien que hubiera participado en los momentos finales de la construcción del recinto. Incluso, dado la gran cantidad de hombres que tomaron parte, algún familiar… En cambio jamás supo informar de forma precisa cómo se construyó.
Curioso… Estas incertezas son las que me hacen dudar de la veracidad de los datos que nos proporcionan los arqueólogos y los investigadores.
Como curiosas, mejor dicho, asombrosas, son también las proporciones de algunas de las piedras que forman parte de la construcción.
Recuerdo que se me cortó el aliento cuando entré y me fui acercando a aquellas paredes y las descomunales piedras que se habían utilizado para su construcción.
A pesar de que yo ya conocía un poco de antemano las características de este complejo, debo reconocer que, por unos segundos me vi transportada  a una realidad que no parecía de este mundo. Me sentí fascinada por la grandiosidad de sus piedras. Las más grandes pesan casi 200 toneladas. 9 metros de alto, 5 de ancho y 4 de espesor… 




El tamaño de algunas de estas piedras es sencillamente demoledor.


Como os podéis figurar, ante estas medidas, lo primero que me vino a la cabeza es ¿cómo se supone que aquella gente manejó esas… “piedrecitas”? No había animales grandes de tiro en aquella zona( sólo las llamas y similares), no conocían la rueda, ni los metales, ni ninguna tecnología… La cantera de donde se extrajeron algunas de aquellas moles estaba a unos 35 km de distancia… Tuvieron que extraerlas, transportarlas, pulirlas y encajarlas con las demás con una precisión pasmosa. ¿Cómo? ¿Levantándolas a pulso y encajándolas las unas con las otras de forma milimétrica?
Porqué este es otro tema. La precisión con que fueron encajadas.
A pesar de que ninguna de esas piedras tiene forma regular, de que muchas de ellas tienen un perímetro con más de doce ángulos y que la mayoría pesa varias toneladas, los ajustes son perfectos. En ningún punto de sus juntas se puede introducir ni un cuchillo, ni una tarjeta ni nada de nada.
















¿Cómo consiguieron estas uniones tan perfectas?


Me acerqué y estuve un buen rato examinando el conjunto, las piedras y la precisión de su construcción. En seguida me di cuenta de que todo lo que me habían comentado sobre este conjunto de ruinas, era del todo cierto.  
Y aún hay más. Algo me habían comentado sobre unas posibles técnicas de moldeado y vitrificación de las piedras, algo que yo siempre había descartado por demasiado rebuscado y rocambolesco, pero cuando me fijé en las juntas de las construcciones, me di cuenta de que, por fuerza, para llegar a esos resultados se tuvo que emplear alguna técnica muy especial.
Y esto se puede apreciar porque casi todas las piedras empleadas en la construcción de este recinto( y en muchos otros de la zona ), poseen estas características.
-En todas las piedras el aspecto de haber sido fundidas es obvio i visible  si sabemos qué hay que ver.
-La capa de vitrificación está presente en toda la superficie en forma de fina película.
-La reflexión de la luz en su superficie es muy fuerte.
-La superficie de las piedras es muy lisa en todas sus partes, imposible de pulir con tal precisión en las piedras con muchos ángulos.
-Por la cantidad de obras realizadas y las piedras que se hubieran tenido que pulir, está claro que esta técnica, el pulido, no es posible porque emplea demasiado tiempo.
-Muchas de estas piedras son magnéticas, por lo que algo muy especial se hizo con ellas.
-El color de las piedras tratadas es diferente del de las no tratadas.
-Vemos ajustes perfectos, con ángulos y aristas en los bloques inferiores que, al colocar los enormes bloques superiores encima se habrían roto.



File:Sacsahuaman masonry2.jpg


Fijaros en que, una pequeña parte del bloque inferior se introduce en la junta de los dos bloques superiores. ¿Alguna explicación para eso? ¿Y para las piedras que se curvan en las esquinas?






Y luego están las rocas sagradas, como los altares o lugares para ofrendas, que su aspecto es como queso o mantequilla cortada, con acabados perfectos y esquinas redondeadas.
Esta técnica de la vitrificación, así como la de un posible ablandamiento de las rocas, no es aceptada por todos los científicos. Algunos las rechazan de pleno. Yo también las había desechado, sin pararme a observar por mí misma y luego decidir. Pero tuve la suerte de ver en persona esas rocas, esas juntas y esas características... Las observé detenidamente, y pude darme cuenta de que no era tan descabellado pensar que podían haber sido manipuladas de algún modo. 
¿Vitrificación de las rocas? ¿Ablandamiento de la piedra? ¿Un disparate? Realmente no lo sé. Lo único que puedo decir es que, en aquellos muros, en aquellas piedras, en todo su conjunto se pone de manifiesto que encierran una técnica de construcción de la que se ha perdido todo rastro y que en estos momentos no somos capaces de descifrar.

Sacsayhaman está formada por tres muros concéntricos, a modo de murallas, en los que se encuentran las piedras más grandes. Por los restos que se pueden apreciar, en el recinto interior debieron de existir al menos tres torres, dos rectangulares y una redonda que custodiaban una o varias dependencias centrales. Según las crónicas, este lugar albergó depósitos de agua, de grano y de diferentes alimentos. Pero esto solo son especulaciones. De hecho, nadie puede afirmar con seguridad quién, cuando, como y para qué se construyó. Y también es posible que hubiera sido ocupado por diferentes culturas en diferentes épocas.
Estas ruinas y otras que se encuentran en los alrededores de Cusco y del valle del rio Urubamba, son muy parecidas entre sí, pero en nada comparables a ninguna de las construcciones megalíticas conocidas del mundo antiguo. La perfección en los encajes entre las piedras aun a pesar de su tamaño, la misma técnica de construcción, las mismas evidencias de manipulación, no hay adornos, ni inscripciones. Nada que pueda aportar un rayo de luz a las tinieblas de tanto mistério….

Otro enigma sin resolver, muy común en todos los restos arqueológicos de la zona,  es imaginar cómo lo hicieron para arrastrar, subir, y encajar aquellas enormes piedras.
La cantera de las piedras principales, las andesitas, está a 35 km de la zona de construcción. Hay que cortarlas, extraerlas, arrastrarlas 35 km, cortarla con la forma precisa para que encaja con las que ya se tienen puestas, izarlas y encajarlas.
El misterio volvía a estar servido.
Empecé a caminar por entre aquellas piedras. Era imposible reconocer qué clase de edificación podía haber sido aquello. Realmente no sé cómo los arqueólogos e investigadores pueden elaborar sus teorías con los pocos detalles que tienen. Además, enseguida me di cuenta de que incluso las crónicas aceptadas como muy fiables y auténticas, eran absolutamente increíbles. Al menos así me lo parecieron a mí una vez escuchados los relatos del guía.
- El Inca Garcilaso nos dejó una crónica bastante exacta de su construcción – nos dijo el guía – Según estas crónicas, la construcción de este complejo duró más de 70 años y en la obra trabajaron más de 20.000 indios.
Impresionante. Más de 20.000 personas trabajando durante más de 70 años...
Cieza de León aun puntualiza algunos datos con más exactitud.
Según él, 4.000 de estos indios trabajaban en las canteras. 6.000 se dedicaban a transportar las piedras desde las canteras hasta el lugar de la construcción mediante cuerdas reforzadas con cobre y del grosor de una pierna humana y los 10.000 indios restantes, estaban en la zona da la obra, cortando y ensamblando los bloques al milímetro para construir los edificios.





¿Puede alguien explicarme cómo se pueden arrastrar estas "piedrecitas"  a lo largo de más de 30 km?

Por un momento dejé de escuchar al guía y me pasé un buen rato contemplando aquellos restos y los imponentes monolitos. Mi mente trataba desesperadamente de imaginar las explicaciones del guía. Pero no pude. De ninguna manera pude imaginar a 10.000 hombres, armados solamente con martillos de piedra y bronce, picando y encajando piedras sin parar durante más de 70 años. Aquello me parecía una barbaridad. Además, ¿Cómo se suponen que las arrastraban desde las lejanas canteras? ¡Ah, claro! Todos parecen coincidir que mediante rodillos de madera, con cuerdas y parece ser que a base de mucha fuerza bruta. Pero… ¿Y la madera? ¿De dónde la sacaban, si por allí casi no hay árboles?
Aquello está a 3.700 metros de altitud, apenas hay árboles, y cuesta mucho respirar por la falta de oxígeno...
Un grupo de arqueólogos pareció hallar la solución.
-Los rodillos no eran de madera, eran rodillos de granito… ¡Como si no tuvieran bastante trabajo puliendo las enormes piedras, para que encima tuvieran que tallar y pulir un montón de rodillos de granito!
 Sigamos pensando. Tengamos en cuenta que aquella no fue la única obra de estas características que se llevó a cabo en aquella época. Sólo en Cusco se edificaron templos y recintos por doquier, y por los alrededores de la ciudad y del valle del rio Urubamba había un montón de restos de recintos. Ya fueran recintos sagrados o moradas para los reyes Incas, todos tenían como característica principal los enormes bloques de piedra utilizados y la precisión milimétrica con que fueron encajados. Es de suponer que en todos ellos se empleó la misma técnica de construcción.
Inmediatamente me vino una pregunta a la mente. Si cada una de aquellas edificaciones se construyó a base de la fuerza de miles de brazos, ¿Cuántos miles de hombres se supone que tuvieron que trabajar en todo el conjunto de la zona? ¿De dónde salieron tantos hombres?
Algunos cronistas hablan de que se pudo tratar de esclavos. Pero todo y con eso, ¿de cuántos miles estaríamos hablando? Una barbaridad, supongo…
Pero vamos a ver. Entiendo que tuvo que haber muchos hombres trabajando a la vez para tallar, arrastrar y encajar todas aquellas piedras. También entiendo que, si según todas las investigaciones no se ha hallado nada más que herramientas de piedra y cobre, se suponga que esos debieron de ser los únicos materiales de que se disponía en aquella época.
Y aun suponiendo, que ya es mucho suponer, que se hubieran empleado para ello a todos los presos de las numerosas batallas en que constantemente estaban enzarzados. Suponiendo que todos los habitantes de Cuzco,  que en aquella época eran muy devotos y muy dispuestos a cumplir con todos los deseos de sus reyes y sacerdotes, se ofrecieron para trabajar en esas construcciones. Y finalmente, suponiendo que, de los 125.000 habitantes que más o menos tenía Cuzco en aquella época, unos sesenta o setenta mil, o sea la mitad más o menos, se dedicaron exclusivamente a trabajar en alguna de esas monumentales obras... ¿Quién cultivaba las tierras, o las minas, o fabricaba las herramientas necesarias, las vestimentas, o las casas donde vivían? Si de los ciudadanos que quedan y que no están trabajando en esas obras, quitamos a los dirigentes y a los sacerdotes, que no trabajan en nada, los ancianos, los niños pequeños, los enfermos... ¿Qué queda? ¡Las mujeres, claro! ¿Y qué se supone que tengo que pensar, que las mujeres solitas cultivaron y cosecharon comida suficiente para toda la población y para todo el año? Que además de trabajar duramente la tierra, con unos sistemas que por lo abrupto del terreno no permite ni el paso de animales para ayudarlas, y a una altura de 3.700 metros donde es muy difícil respirar, además de criar a los hijos, preparar la comida para la familia, cuidar del ganado que casi todos poseen... Además de todo eso... ¿Tuvieron que preparar la comida de los 60.000 ó 70.000 hombres que trabajaban en la construcción de los templos, palacios y fortalezas? Porque es de suponer que aquella gente también tendría que comer, ¿No? ¿También ellas tejieron y elaboraron las vestimentas de todos? Y ya de paso quizás también eran las que fabricaban los kilómetros y kilómetros de cuerdas que se necesitaron, tallaban las piedras para construir los miles de martillos y cuñas que se utilizaron, eran alfareras, carpinteras y todo aquello que hiciera falta…
Y todo ello teniendo en cuenta, para acabar de rematarlo, que en Perú hay dos estaciones muy bien diferenciadas. La estación seca, que se corresponde con su época invernal, y la estación húmeda, que se corresponde con el verano y en la que las lluvias son muy frecuentes, con lo que muchos días no se podría trabajar.
Dudo mucho que se pudiera construir nada durante las estaciones húmedas. Llueve casi cada día, el suelo se vuelve peligrosamente resbaladizo, y  casi con toda seguridad resulta imposible intentar arrastrar esas desmesuradas piedras. Además, los ríos se convierten en pasos totalmente infranqueables, y muchas veces, las canteras están a varios kilómetros de distancia de las obras, como es en este caso, y hay que atravesar uno o más ríos en su transporte...
Me pasé mucho rato observando detenidamente y desde todos los ángulos posibles aquella sorprendente construcción de Sacsayhuamán. Cuanto más me fijaba en sus más minúsculos detalles, más y más preguntas se agolpaban en mi cabeza. Por ejemplo, en muchas piedras pude observar una serie de muescas  que ya empezaban a traerme de cabeza. Eran unos pequeños cuadraditos de poco más de un par de centímetros cuadrados de superficie y apenas uno de profundidad, junto a los bordes, en bajorrelieve. Y por otra parte, también pude observar que algunas piedras mostraban unas pequeñas protuberancias, como unos pequeños pomos o salientes de unos dos centímetros.
Lo que no podía entender de ninguna de las maneras era el hecho de que, ni las muescas ni las protuberancias, no guardaban ningún orden ni ninguna correlación con nada. Sencillamente había piedras que tenían muescas, otras tenían protuberancias, algunas tenían las dos cosas, y alguna no tenía nada de nada. Estas señales se podían ver por todos sitios. En piedras muy pequeñas, en las más grandes, en la parte alta de los pocos muros que se mantenían en pié, o a ras de suelo. Podía haber centenares de piedras juntas con estos curiosos grabados, en un área muy concreta, y otra área de la misma construcción donde no había nada de nada. Por más que me esforcé, intenté hallar alguna mínima relación que las uniera, pero fue en vano.
Luego recordé que, estas mismas marcas y salientes, los había visto en todas las antiguas construcciones que había visitado.
Y de nuevo recurrí al sufrido guía que, en cuanto me vio avanzar hacia él, empezó a esgrimir su deslumbrante sonrisa y a negar con la cabeza, sabedor de que iba directa a él, a seguir poniéndole en un aprieto con mis preguntas.
 -¿Qué pasa ahora?- me preguntó muy educadamente pero preparado para aguantar mi ataque.
-Nada en particular... Solo que he observado unas muescas y una especie de pequeños pomos en las piedras a los que no puedo encontrar ningún sentido...
-Ah, eso... Lo cierto es que no hay ninguna respuesta científica al respecto. Unos dicen que pueden ser muescas utilizadas durante la construcción para meter cuñas, otros que sirvieron para encajar posibles placas de otro material, incluso tal vez de oro, a modo de cobertura, y muchos se limitan a encogerse de hombros. En cuanto a las pequeñas protuberancias... pasa exactamente lo mismo. Muy posiblemente fueron empleadas para que no se resbalaran las cuerdas que ataban a las piedras durante su largo y penoso traslado desde las canteras – cosa que me parece ilógica, si tenemos en cuenta que las más grandes son completamente lisas - . Los hay que incluso han llegado a afirmar que podrían haber sido pequeños relojes solares, o calendarios, para controlar los equinoccios o las estaciones... Tampoco en eso se pone nadie de acuerdo...
Un montón de dudas y enigmas por resolver.
A cada respuesta, más preguntas se agolpaban en mi mente, a la espera de que algún nuevo descubrimiento aporte un poco de luz a tanta oscuridad. 
He de reconocer que aquel viaje estaba resultando mil veces mejor de lo que me había imaginado, y me dí cuenta de que aún somos unos pobres ignorantes en relación a la Historia de la Humanidad, y que no debemos cerrar los ojos ni la mente ante lo que desconocemos.
Y que conste que jamás he pensado que hubieran intervenido extraterrestres ni nada parecido. Pero, como en otros muchos de estos enigmas, sigo diciendo que algo no encaja. Lo que sí creo es que la historia de la humanidad, tal vez se tendría que escribir de nuevo.

Era ya casi mediodía cuando dejamos aquel misterioso lugar, y creo que una parte de mi corazón se quedó ahí, engarzado en aquellas enormes piedras que pregonaban algo que de momento nadie puede, o no se atreve, a oír.

sábado, 8 de septiembre de 2012

LAS PISTAS DE NAZCA - Sobrevuelo





 

Sin orden ni concierto, y sólo visibles desde el aire.


A lo largo de mi vida he leído gran cantidad de libros y artículos sobre estas misteriosas líneas. También las he sobrevolado con una avioneta, y el espectáculo que se ofreció ante mis ojos me dejó sin aliento. Sabía que eran impresionantes, pero lo que vi me hizo comprender que realmente aún hay muchos enigmas por resolver. Y este era uno de ellos, uno  de tantos en que las supuestamente lógicas explicaciones de los científicos no respondían, ni mucho menos, ni a la mitad de mis preguntas.
-Algo no encaja – recuerdo que pensé…

Ha habido personas, como la alemana María Reiche, que han dedicado toda su vida a intentar encontrar una respuesta al cómo y, sobretodo, al porqué se hicieron. Y la verdad es que hasta el momento nadie se pone de acuerdo en dar una respuesta lo suficientemente coherente y con un mínimo de fundamento científico.
El único hecho cierto es que son reales, que están ahí. Pero el auténtico misterio radica en ¿quién las hizo? ¿Cuándo? ¿Cómo pudieron ejecutar una obra de tal envergadura que solo es visible desde el aire, si en teoría no se conocía la aviación? (Y eso de que no se conocía la aviación es algo que yo particularmente lo pongo en duda y ya comprenderá más adelante el lector el porqué de esa duda) Y por encima de todo, ¿Por qué? ¿Cuál fue el motivo que movió a un grupo de personas, de una desconocida época muy remota, a invertir su tiempo en tamaña obra?... Estas y muchas más son las preguntas que han danzado en mi interior desde que tuve conocimiento del tema. Y cuanto más leía y más información recibía, más dudas se me planteaban de que las explicaciones oficiales pudieran ser del todo ciertas.


En Perú, a 450 kilómetros al sur de Lima y cerca del océano Pacífico, se encuentran las pampas de Ingenio, Nazca, Palpa y Socos, y en el terreno que comprenden estas cuatro pampas se ubican la mayoría de las denominadas Líneas de Nazca.
Están hechas en una zona desértica donde lo más que llueve es ½ hora de promedio cada dos años. Para hacerlas no había más que apartar la capa superior de cantos rojizos por la oxidación del hierro que contiene la superficie de aquellas pampas y queda al descubierto la capa inferior de color blanco. La profundidad de los surcos es de apenas 30 centímetros por entre 20 y 60 de ancho. Suficiente para que, gracias a las peculiares condiciones climáticas del lugar, se hayan mantenido durante... quien sabe cuántos años.
Este es otro de los puntos más obscuros de todo el misterio.


 En esta foto tomada desde satélite podemos observar la magnitud de estos trazados. Algunas de las líneas son kilométricas, y sus diseñadores no dudaron en atravesar colinas, valles y lo que hiciera falta.
¿Con qué objetivo? Tal vez algún día se sepa. 


En esta región miles de líneas se extienden por 520 km², y algunas incluso se prolongan hasta un área de 800 km².
Las longitudes de las líneas son variables, llegando a medir algunas hasta varios km de largo.







Este es un plano de la situación de alguno de los dibujos.  Esta es   la zona que sobrevuelan las avionetas con los turistas, pero hay muchos más dibujos que no se enseñan...





La primera noticia que se tiene de ellas es la de Cieza de León, que ya hablaba de ellas en 1550 y las definía como señales trazadas en la tierra para indicar direcciones. Está bien claro que Cieza de León tan sólo pudo observar una parte de ellas y sólo desde el suelo. Jamás pudo tener una vista completa, ni mucho menos aproximada, de lo que tenía por delante.
En 1.931, una expedición americana, la de Shipees Johnson, que estudiaba sistemas de riego de regiones antiguamente cultivadas, las fotografió por primera vez.
En 1.934, el historiador neoyorquino Paul Kosok, las vio y dedujo que, fueran quienes fueran quienes las hicieron, necesitaron grandes conocimientos matemáticos. La precisión en cuanto a la rectitud de las líneas, la proporcionalidad de los enormes dibujos, la enorme superficie que ocupaban… Todo ello no se podría haber realizado sin unos profundos conocimientos matemáticos y de diseño hasta ahora desconocidos en los remotos pobladores de aquella desolada zona.
Pero fue a partir de 1946 cuando se estudiaron con profundidad. Y fue María Reiche, quien tradujo el informe de Paul Kosok e hizo de las Líneas su vida. Se mudó a una choza cercana y las estudió, las recorrió, las midió centímetro a centímetro, las fotografió e incluso las barrió con una escoba para verlas mejor.
En 1.950 María Reiche publica con Kosok el primer libro sobre el tema. A pesar de dedicar toda su vida al estudio de estas enigmáticas líneas, aun no se ha podido descubrir qué sentido tenían realmente, porqué se hicieron, cómo i quienes las hicieron. Jamás se pudieron sacar conclusiones firmes de aquel enigma.
Con un premio que le dieron en Europa en 1.974, María Reiche construyó una torre metálica de 12 metros de altura desde donde se pueden ver algunas de las figuras. Pero no hay ningún sitio desde donde se puedan ver ampliamente y mucho menos en su totalidad.
Para verlas en todo su esplendor y con todos los detalles, solo hay una manera de hacerlo, y es desde el aire. Solamente sobrevolando la extensa zona se pueden ver bien. Más de 520 km2 es una superficie demasiado extensa como para abarcarla de otro modo.
Lo primero que llama la atención sobre el conjunto es el caos aparente. Cientos o tal vez miles de líneas perfectamente rectas que parten en todas direcciones y que algunas de ellas miden centenares, e incluso algunos km de largo. Son líneas sin orden aparente, no nacen en ningún sitio y no van a ninguna parte, sin ningún orden aparente. Muchas de ellas se cruzan entre sí, otras están solas, también se pueden observar algunas de ellas mucho más anchas que las demás, semejantes a pistas o largas explanadas.



Sobre las líneas se superponen las grandes figuras, que oscilan entre los 20 metros de envergadura de las más pequeñas y los más de 600 metros de longitud de las más grandes. Todas ellas parecen situadas arbitrariamente, sin orden aparente, pero fácilmente identificables desde el aire.
También se pueden observar gravados en las paredes rocosas de algunas de las colinas que rodean aquellas pampas. Algunos de ellos son dibujos antropomorfos, es decir, dibujos con una cierta apariencia humana. Rostros sonrientes con grandes ojos, otros de cuerpo entero, pero realizados aparentemente con una técnica bastante tosca, otros que representan determinadas partes del cuerpo como por ejemplo unas manos, que parecen saludar a aquel que las está observando…
Se ha encontrado representación de fauna perteneciente a diversas partes del mundo, cosa que ha desconcertado enormemente a los estudiosos. Se pueden observar cóndores, representantes de la fauna del lugar, una ballena, en representación de los habitantes del mar, colibrís, de las zonas selváticas, monos, arañas, que según profundos estudios realizados sólo viven en zonas de la profunda selva amazónica, una especie de perro o lobo… e incluso, para más sorpresa de todos, un canguro, que supuestamente sólo podemos encontrar en Australia.
La primera pregunta que se me plantea es, ¿De dónde sacaron los modelos de ciertas especies supuestamente desconocidas para aquellas tribus de indígenas?
-Que me expliquen a mí, cómo los pobladores de aquellas pampas de hace unos 2.000 años (según las dataciones oficiales), tenían conocimiento de la existencia de los canguros…
Y ante todo, ¿Cómo pudieron realizar semejante obra sin visibilidad, y con qué técnicas las hicieron?
María Reiche dedujo que las medidas se tomaron con estacas y una cuerda de un codo de longitud (unos 33 centímetros), pues todas las líneas y radios son múltiplos de esta unidad. Además descubrió muchos sitios en que esas estacas habían sido clavadas conservándose incluso algunos restos de ellas. Gracias a estos restos se pudieron datar las Líneas. Se les confiere una antigüedad aproximada de no más de 2.000 años y se supone fueron hechas por los Nazca.
Claro que, esta es sólo una opinión.

Hechas con cuerdas y estacas... A pesar de que esta es una de las teorías más aceptadas, me cuesta muchísimo entender cómo, un puñado de hombres armados solamente con un montón de estacas y unas cuerdas, sin posibilidad alguna de ver de ninguna manera lo que hacían, puesto que una extensión de más de 520 km2 es una zona demasiado amplia y tampoco hay en aquella zona montañas suficientemente elevadas ni para verla parcialmente, pudieron trazar todo aquello con tan pasmosa perfección. Solo un par de colinas ofrecen una vista de una mínima parte del conjunto. Pero debemos recordar que las figuras y los trazados se extienden mucho más allá incluso de aquellas desoladas pampas. Podemos encontrar trazados y dibujos en una amplísima zona de aquella pare de Perú, en superficies planas, en colinas, incluso en la cima de pequeños cerros donde la visibilidad es mucho más limitada.
Además, según todos los estudios, aquellas desoladas pampas estaban escasamente pobladas por pequeños grupos de indígenas que trabajo tenían para sobrevivir. Y un trabajo de tamaña magnitud no se realiza con media docena de hombres…
Los estudiosos del tema pueden decir lo que quieran pero me cuesta mucho imaginar a esos hombres con sus cuerdas y estacas trazando a ciegas unas líneas que mantienen su exacta rectitud durante cientos de metros y unos dibujos de enorme envergadura y que solo son visibles desde el aire...
Y aunque supongamos que los científicos tienen razón y ese fue el método empleado, ¿Cuántos años hubieran necesitado para lograr su objetivo?
Pensemos un poco con la cabeza. Los pocos pobladores de aquella zona tenían que invertir parte de su tiempo en construir sus viviendas, los acueductos que les proveían de agua, cultivar los campos para su sustento, elaborar sus herramientas, y muchísimas cosas más.
Si lo hubieran hecho realmente aquellas gentes, también hubieran necesitado tiempo para cortar las estacas de madera de los pocos o inexistentes árboles de la desolada zona o trayéndolas de vete a saber qué lejano lugar, tejer las cuerda con Dios sabe qué plantas o también trayéndolas de algún lugar lejano, porque el algodón era empleado para los tejidos de las telas… No debemos olvidar que toda aquella gran zona de Perú no es más que un inmenso desierto donde, en su mayor parte no crece absolutamente nada. ¿O es que además me quieren hacer creer que también cultivaban extensas áreas de algodón, que crecía casi por encanto, para tejer todas las cuerdas que necesitaron?
Realmente estas explicaciones no caben en mi cabeza…

Pero tal vez, el misterio más insondable es el del porqué. ¿Cuál fue el motivo que supuestamente movió a aquellas gentes, si es que fueron los Nazca los que las hicieron, a dejar de lado todo lo demás y dedicarse durante muchos años a trazar líneas y figuras en la superficie del desierto y que, para postres, no se pueden ver desde el suelo?
En esto sí que nadie se pone de acuerdo. Ni siquiera la propia María Reiche. Jamás nadie ha conseguido probar lo más verazmente posible ninguna de las muchas teorías que se han elaborado al respecto.
Se ha hablado de señales para indicar direcciones, dibujos del firmamento, calendarios solares o estelares, símbolos religiosos ofrecidos a unos supuestos dioses, dibujos de constelaciones...
Ninguna teoría funcionó al completo. Si bien algunas líneas apuntan a determinados lugares o a ciertas estrellas, la mayoría de ellas no conducen a nada ni a ningún lugar determinado.
Tampoco se ha hallado ningún sentido lógico para los enormes dibujos. Y mucho menos para los que representan especies en teoría desconocidas para aquellas gentes.
Nada coincide con nada en su totalidad. No son constelaciones, ni calendarios, ni rutas a seguir…
Pero están ahí. Ofreciéndonos su mudo saludo a quienes las observamos pero sin desvelar uno de los enigmas mejor guardados de la humanidad. Una humanidad perdida en las brumas de un pasado, tal vez tan remoto, que muchos no se atreven ni siquiera a imaginar.
En la historia de nuestro pasado quedan aún muchas lagunas por rellenar. Todos sabemos que antiguas culturas y poderosas civilizaciones nos han precedido. Lo que tal vez no sabemos con exactitud es qué grado de conocimiento científico y técnico poseían estos antiguos pobladores de la Tierra. En estos momentos sólo tenemos unos pocos indicios, que la mayoría de las veces son negados con obstinación por parte de los científicos, que apuntan que no somos la primera civilización desarrollada científica y técnicamente que ha poblado el planeta.
La verdad es que todas y cada una de las teorías al respecto tienen su propia lógica y sus posibilidades de ser ciertas, y lo peor de todo es que no hay ninguna que se pueda probar o descartar definitivamente.
Así pues, el misterio está servido.

Tuvimos muchos problemas para conseguir un hueco para volar aquella mañana. La mañana había amanecido nublada y los vuelos se habían retrasado o cancelado. Al final, y gracias a nuestra negación a abandonar aquel lugar sin volar y a mantenernos firmes en nuestra decisión hasta pasadas las cuatro de la tarde, nos hicieron un hueco.
Momentáneamente se me hizo un nudo en el estómago. Con los nervios y la emoción no había reparado en un “pequeño detalle”. Me aterran las alturas, y mucho más si van acompañadas de movimientos bruscos arriba y abajo o inclinaciones y giros violentos hacia todos los lados, caso de una avioneta pilotada con la idea de permitir ver el suelo a sus viajeros. Por unos segundos me imaginé la posición en que debía volar para que desde su interior se pudieran ver unos dibujos que están muchos metros más abajo, en el suelo. Un estremecimiento me recorrió la espalda de arriba abajo. ¡Yo, que no soy capaz de subirme a una simple montaña rusa, me iba a montar en una avioneta que parecía un pajarito e iba a volar haciendo piruetas por el aire!!!...


Pero no tuve demasiado tiempo para pensar en ello. Realmente tampoco no quise pensar en ello. Enseguida nos hicieron pasar por los controles de la policía y nos acompañaron a la avioneta.
¡Y menuda avioneta! Sólo cuatro plazas, contando al piloto. Como digo, aquello parecía un pajarito. Y por el aspecto de su interior y de sus mandos y paneles, me dio la sensación de estar frente a un aparato de la Segunda Guerra Mundial un poco remodelado y pintado. Pero mi mente se cerró en banda ante los posibles riesgos y ante todos mis temores. No vacilé ni un solo segundo y decidida a pasar unos momentos inolvidables me propuse disfrutar hasta el más mínimo detalle de la experiencia.
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El piloto nos dio una serie de instrucciones para poder apreciar mejor los dibujos que siempre le agradeceré. Nos ofreció unos auriculares, con los que podríamos escuchar sus explicaciones y nos dijo:
“-Cuando estemos arriba y yo les indique, deben fijarse en la zona del suelo que queda justo debajo de la punta del ala en ángulo de noventa grados. Inclinaré el avión para que todos tengan una perfecta visión del suelo…-”
Gracias a este detalle pudimos apreciar todos los detalles de aquellas misteriosas líneas. Y gracias también a la habilidad del piloto, que en todo momento situó el aparato en una posición perfecta.
Cuando llegamos a la pista y a medida que nos acercábamos al avión volví a sentir un estremecimiento.
¿Seguro que “aquello” podía volar? Por fuera se veía como nueva, pero por dentro... Ni os lo cuento. Aquel avioncito debía de ser bastante antiguo, porque no conocía lo que son los paneles digitales. Todo eran palancas y botones. Todo era de manejo manual. No entiendo mucho de aviones pero, me dio toda la impresión de que iba a subirme a un aparato muy antiguo. Como dije antes, de la Segunda Guerra Mundial, solo que un poco mejor decorado…
Todo fue muy rápido. Arrancó el motor y rodó hasta colocar el aparato en un extremo de la pista. Esperó unos momentos y enseguida se oyó por los auriculares: “Puede despegar”
Aquello empezó a coger velocidad hasta que... ¡Hop!, Estábamos en el aire. El corazón casi se me sale por la boca. El morro de la avioneta se levantó bruscamente hacia el cielo al tiempo que el piloto hacía girar el aparato para situarlo en la dirección correcta y el paisaje comenzó a danzar a nuestro alrededor hasta quedar muchos metros por debajo de nosotros. La sensación de abandonar el suelo con una avioneta tan pequeña es indescriptible. De pronto te ves suspendida en el aire y lo primero que te viene a la cabeza es la fragilidad de tu situación en aquellos momentos. Piensas que, si por algún motivo se detuviera la única hélice que nos mantenía en el aire... No quiero ni imaginarlo. Sólo se me ocurrió rezar para que no sucediera.
Pero esta angustia es momentánea. Una descarga de adrenalina se dispara en tu corazón y cuando la avioneta alcanza la altitud deseada y tras unos cuantos giros a derecha y a izquierda se estabiliza, esta angustia se convierte en asombro. A las personas que como yo no habíamos volado nunca en un aparato tan pequeño, nos faltan ojos para acaparar tanta belleza. La sensación de poder ver con tanto detalle el suelo a vista de pájaro es impresionante.
Fuimos ganando altura hasta alcanzar los 300 – 400 metros de altitud. No muy lejos de donde estaba el aeródromo, el piloto nos dijo que estábamos llegando a la primera figura. El avión dio un brusco giro, primero a la derecha y luego a la izquierda, con una inclinación tan fuerte que teníamos que sujetarnos bien fuerte para no rodar de un lado a otro del aparato. Primero me desorienté un poco. Me costaba bastante mantener un poco tranquilo a mi sentido del equilibrio y por unos segundos todo empezó a dar vueltas a mi alrededor. Pero en seguida aprendí como no marearme. Adopté la táctica de no mirar abajo durante esos breves segundos en que la avioneta realizaba aquellos bruscos giros con sus cambios de inclinación. Y realmente funcionó. Conseguí no marearme y disfrutar así de la más fantástica media hora de mi vida.
Habíamos llegado a la primera figura. El “astronauta”, lo llamaba el piloto. Era una gran figura trazada en una colina rocosa y que, con una mano alzada, parecía saludarnos. Era asombroso. Era claramente la figura de un ser humano. Dijo que la llamaban así por la forma de la cabeza, que era redonda y desproporcionadamente grande, con un par de ojos redondos de mirada inexpresiva.

      














No me costó en absoluto distinguir aquella figura. Al igual que todas las demás que fuimos viendo y que el piloto nos fue indicando, el mono, la ballena, el cóndor, la araña, el colibrí, las manos, el perro... se podían distinguir claramente en el suelo de aquella pampa. A parte de aquellos dibujos claramente identificables, había muchos más que eran formas geométricas, cuadrados rectángulos, triángulos... Y también había muchos más que no se podían catalogar. De pronto aparecían unas manos, o una espiral, o algo que no podíamos interpretar.
Pero lo que realmente llamaba la atención, las reinas de la pista, eran las líneas.
Ya antes había visto fotografías y me habían hablado del caos de líneas que hay en aquella superficie, pero aquello desborda todo lo imaginable. Realmente hay que verlo para creerlo. La perspectiva de las fotografías es muy limitada. Solo se puede apreciar una pequeña parte en cada una. En cambio desde allá arriba, desde una altura considerable, la amplitud de la visión me ofrecía un enfoque mucho más completo.
Había cientos, tal vez miles de líneas por todas partes. Eran líneas completamente rectas, que no seguían ningún orden aparente y que se mezclaban, cruzaban y cortaban caóticamente. Las había de cortas, algunas más largas, e incluso las había tan largas que se perdían en el horizonte y no podía apreciarse hasta donde llegaban. También se podía observar claramente que su grosor variaba sensiblemente de unas a otras. Unas eran finas, eso según la apreciación aérea, puesto que en el suelo tendrían unos 20-30 centímetros de ancho, otras eran bastante más anchas, unos 40-50 centímetros, y también las había que no se sabía si catalogarlas como líneas o como auténticas pistas, ya que su anchura podía alcanzar desde un metro y ensancharse hasta los 5 ó 6 metros. Todo ello sin perder su perfecta simetría.
Pero todas esas líneas, tanto las más largas, que se perdían en el horizonte por su extraordinaria largura, como las más cortas, así como en sus distintos grosores, tenían un detalle en común. Tal vez era ese el detalle que las hacía tan enigmáticas: su perfecta rectitud y su anchura, que se mantenían a la perfección en toda su longitud., todas eran perfectamente rectas. Lo cierto era que aquello era un auténtico galimatías. ¿Qué sentido podían tener todas aquellas líneas, que como me habían indicado, no nacían en ningún sitio ni iban a ninguna parte? Y lo más asombroso de todo, ¿Cómo se las habían compuesto para mantener en todo momento aquella rectitud a lo largo incluso de centenares de metros?
Todos estábamos realmente maravillados, al tiempo que, inconscientemente, intentábamos hallar una mínima lógica a todo aquel sinsentido.
María Reiche las estudió muy profundamente e intentó descifrar su secreto. Pero no lo consiguió. Jamás nadie ha hallado una explicación convincente para aquel meollo de líneas que se cruzan las unas con las otras y que no indican nada ni señalan ninguna cosa.
¿O tal vez sí?
Sinceramente, creo que ni yo ni nadie pudiera realizar semejante trabajo sin un propósito específico. Es de suponer que, en su momento, aquellos más de 520 kilómetros de pampas desoladas cubiertos de trazos y dibujos por todas partes, cumplieran alguna misión muy concreta.


Personalmente pienso que, mientras que los científicos que las estudian y las catalogan tan a la ligera como meros calendarios o simples dibujos de carácter ritual para unos inciertos dioses, no abran un poco sus mentes e investiguen con más profundidad antiguas leyendas y tradiciones de un incierto y, muy posiblemente, muy remoto pasado de la antigüedad de la humanidad de esta zona, no avanzaremos nada.
Creo que ya va siendo hora de que nos quitemos la venda de los ojos y aceptemos, de una vez por todas, que en el pasado remoto de la humanidad hay ciertos vacíos y lagunas que nadie ha conseguido llenar con explicaciones convincentes.
Sinceramente pienso que, una parte del pasado de la humanidad, un glorioso fragmento de alguna perdida civilización mucho más evolucionada de lo que nos es conocido hasta el momento, permanece oculto a la espera de que alguien tenga el suficiente valor de enfrentarse a todos los dogmas y presunciones actuales y lo saque a la luz.
El mundo entero está lleno de indicios, misterios y enigmas que, una vez tras otra, han sido fulminados por la élite científica que no cesa en su empeño de atribuirlos sin pestañear a templos religiosos o calendarios. Esa es siempre su salida más concurrente cuando no le encuentran otra solución a alguno de esos enigmas. Un motivo religioso. Pero, ¿es que esas remotas gentes solo vivian de la religión? Me cuesta mucho creerlo.
Y aquel día, con lo que estaba viendo, me convencí de que aquello tenía que ir mucho más allá de un simple entretenimiento de unas gentes que trabajo tenían para malvivir en aquella desolada zona.
Pero no acabaron aquí mis sorpresas.
Cuando ya casi habíamos visto todos los dibujos que estaban programados, el piloto nos dijo que nos iba a hacer un regalo.
Dejamos atrás la plana superficie de la pampa que habíamos sobrevolado hasta entonces y dirigió la avioneta hacia un pequeño altiplano de escasa altitud que había no muy lejos de allí.
Nos indicó que miráramos al frente y que no perdiéramos el suelo de vista. Con gran habilidad realizó un picado descendente y...  Se me cortó el aliento cuando vi lo que tenía ante mis ojos.
“Solo para vosotros...” Nos sonrió el piloto cuando vio nuestros rostros descompuestos por aquella sorprendente visión. Aquello sí que era una locura. ¿Qué se supone que era aquello? Se lo pregunté al piloto y lo único que conseguí fue que se alzara de hombros.
La maniobra que había realizado el piloto había sido muy hábil. Con aquel picado descendente, lo que nos había mostrado era lo más parecido que he visto en mi vida a... ¡Una pista de aterrizaje!
Era perfectamente plana y larga, muy larga. Y su anchura variaba sensiblemente de un extremo al otro.
En la visión que nos mostró el piloto se podía apreciar claramente que, en el extremo en que se iba a aterrizar, era mucho más ancha que en el otro.
-“Eso es bastante frecuente en lugares done a la hora de aterrizar te puedes encontrar con corrientes de aire que puedan desviar el aparato – nos aclaró el piloto – Luego, una vez has tomado tierra, la anchura que tiene esta pista es perfecta para rodar el tiempo que necesites hasta detener el aparato…”
Por unos momentos, de no ser porque enseguida rectificó el rumbo y volvió a ganar altura, hubiera jurado que la intención de nuestro piloto era aterrizar allí mismo.




¿Parece o no una auténtica pista de aterrizaje?





No me lo podía creer. El corazón galopaba alocadamente en mi pecho y sentí como se alteraban todos mis sentidos. No me podía creer que aquello fuera realmente una pista de aterrizaje. Era imposible. Aquello había sido trazado hacía casi dos mil años, y es de suponer que en aquella época no había aviones ni nada que pudiera necesitar una pista de aquellas características. ¿O tal vez sí? Por unos momentos me pregunté qué estaba pasando. Sentí como algo en mi interior comenzaba a resquebrajarse.
Traté de imaginar otras funciones para aquella pista. Le di mil vueltas en la cabeza y empecé a tratar de imaginar para qué se podría haber utilizado aquella pista.
¿Para celebrar rituales o fiestas? No tenía ni por asomo las dimensiones adecuadas. Para rituales o fiestas debería ser una  superficie más cuadrada, no tan larga y tan estrecha.
¿Podría ser alguna especie de camino o pista para ir a…? ¿A dónde? Aquella especie de altiplano, aunque no demasiado alto, está flanqueado por abruptos barrancos que impiden el acceso a aquella pista desde abajo.
Nada tenía sentido.   
-¿Podrías aterrizar ahí? ¿Serviría como pista de aterrizaje? Pregunté de nuevo al piloto.
-Pues claro que podría hacerlo. Su estado es perfecto. Y os puedo asegurar que incluso con más seguridad y tranquilidad que en muchas de las pistas de los aeropuertos actuales. Impresionante, ¿verdad?
Impresionante... Yo mejor lo definiría como una delirante locura. Si tenía que considerar aquello como una pista de aterrizaje, tenía que considerar que fue hecha por algún motivo. Y el único motivo que se me ocurre para construir una cosa así, es para ser utilizada para tal fin... Como digo, aquello me parecía una auténtica locura.
Claro que, para rematar la jugada, aquel piloto se guardaba un as en la manga. Ya nos había mostrado aquella especie de... pista de aterrizaje, que a todos nos heló la sangre en las venas. Ahora faltaba la guinda del pastel.
Nos apartamos un poco más de la ruta que seguían las avionetas en el vuelo turístico  y volamos un rato hacia otra zona no muy distante.
-Esto lo hago por vosotros – continuó explicando el piloto – Creo que os merecéis un premio por lo que ha pasado antes.
¿Otro premio? ¿Qué nos tendría reservado ahora aquel hombre?
Permanecimos en silencio absoluto durante el corto trayecto. El corazón seguía latiendo con fuerza. ¿A qué se estaría refiriendo ahora?
Sobrevolamos una zona de pequeñas colinas y llegamos a otra pampa y de nuevo maniobró la avioneta para que pudiéramos ver bien el suelo.
-El último dibujo- nos informó – es un colibrí. Fijaros bien en él.
Me escamó que nos recalcara que nos fijáramos bien en aquel dibujo y de nuevo me pregunté qué nueva sorpresa nos aguardaba.
-Ahí está. Observadlo con detenimiento...
Efectivamente, era otro colibrí, muy parecido al que ya habíamos visto antes. No costaba mucho de distinguir que se trataba de un enorme pájaro con las alas extendidas, tal vez un poco más grande que el otro, y que, por su largo pico, había de ser un colibrí. Lo observamos atentamente, primero por el lado derecho y luego por el izquierdo.
El piloto se percató en seguida que no nos habíamos fijado bien en lo que él quería y nos dijo que daría otra pasada, pero que debíamos centrar nuestra atención en el cuerpo del pájaro. Concretamente en un pequeño dibujo que había en su interior.
Un par de giros más y centramos nuestra atención en el punto que nos había indicado el piloto.
Creo que todos palidecimos. A mí casi se me para el corazón ante aquella sorprendente visión. No podía dar crédito a lo que veían mis ojos. Miré al piloto sin poder articular palabra y él me sonrió complacido. Comprendió que ahora sí lo habíamos visto y me guiñó un ojo.
Si lo que nos había mostrado antes no tenía ninguna lógica, esto lo superaba con creces.
El dibujo era muy similar a los que ya habíamos visto en la otra pampa, pero al fijarnos mejor, pudimos advertir claramente que, el pequeño dibujo que había en el interior del cuerpo de aquel pájaro, se correspondía perfectamente con... ¡un pequeño avión!
El piloto nos miró, nos sonrió y nos dijo:
-Así es. Este es tal vez uno de los mayores misterios. No está incluido en la ruta normal que hacemos para todos los turistas porque se encuentra un poco más alejado. De hecho, no es el único dibujo que no mostramos al público en general… Solamente los enseñamos en casos excepcionales y yo os lo he mostrado a vosotros porque veo que manifestáis un interés muy especial por estas líneas. Otros hubieran desistido de volar y, aunque a regañadientes, hubieran seguido su programa sin más. Espero que mi regalo os haya complacido.







Ahora sí que estábamos consternados. ¿Se puede saber qué significado podía tener aquel dibujo? Ya sé lo que pensarán muchos. “es un efecto óptico. Todos sabemos que, según la perspectiva con que se mira un dibujo o un objeto, este puede cambiar de forma. Pero no. No se trataba de un efecto óptico. El piloto dio las dos últimas pasadas con gran precisión y a una altura un poco menor que para los demás dibujos, y pudimos observarlo detenidamente y desde todos los ángulos. Y por incomprensible que resulte, estaba bien claro que aquel pequeño dibujo se correspondía perfectamente con un pequeño avión con las alas extendidas. Incluso se podía distinguir el timón de cola.
Realmente ninguno de nosotros tenía palabras para describir la sensación que nos embargaba.
¿Por qué no había oído hablar de aquellos últimos dibujos que nos había mostrado el piloto? ¿No sería que ya iba siendo hora de que nos planteáramos re-escribir toda la historia de la humanidad y que diéramos el valor que se merecen a todos estos signos que apuntan a que tal vez nos hemos “olvidado” de algo? ¿Por qué los científicos e historiadores en general se enfadan tanto cuando se plantean atrevidas hipótesis que no concuerdan con las suyas? ¿Qué se oculta tras esta férrea defensa de una versión de los orígenes de la humanidad y su historia que muchas veces no se tiene en pie por ningún sitio?
Yo ya no sé qué pensar, pero de lo que sí estoy completamente segura es de que, con lo que vi durante aquel corto sobrevuelo de las Líneas de Nazca,  mi visión de la historia antigua y mi credibilidad de las teorías oficiales, más o menos aceptadas por todos, sobre el origen y el motivo de todos estos enigmas, iba a cambiar para siempre.
Lo que vi aquel día, y lo que llegué a descubrir durante los días que duró mi viaje a Perú, supera todo lo imaginable. Y lo más triste de todo es que nadie se ha molestado en estudiarlo con la profundidad que se merece, objetivamente, sin pensar en ningún momento que pueda ser una locura y sin descartarlo a la primera de cambio porque no se adapta a los conocimientos que tenemos hasta el momento de unas culturas de las que, en realidad, nadie conoce sus auténticos orígenes. Debemos pensar que, todas estas antiguas culturas, normalmente tienen unos orígenes que se pierden entre las brumas de un incierto pasado. Tampoco debemos olvidar la gran cantidad de mitos, historias y leyendas que arropan estos inciertos e ignotos orígenes.
Cuando inicié este viaje tenía muy claro cuál era mi objetivo: ver por mí misma aquello que otros habían estudiado y valorado, ampliar mis conocimientos, empaparme lo más directamente posible de estas ancestrales historias y conocimientos que, si no hacemos nada por impedirlo, se acabarán perdiendo para siempre, borrados por esta marcada cabezonería por mantener unas conjeturas que está visto habría que revisar de arriba abajo.
Y debo aclara que mi objetivo quedó cumplido con creces. No así mis ansias por encontrar un sentido a ciertos enigmas que, lejos de satisfacerse, aumentaron más y más, hasta desbordar mi mente y mi imaginación.
Mientras volvíamos al aeródromo, me di cuenta que, muy a pesar mío, jamás cumpliría mis objetivos de hallar explicaciones a determinados enigmas. Muy por el contrario. A cada pregunta que conseguía responder, se abrían otras muchas ante mí.
Mientras me despedía del piloto, señalando con su mano en dirección a las pampas que habíamos sobrevolado, me dijo una frase que me acompañaría en todas mis investigaciones:
-“Es una hazaña que desafía la razón...”-
¡Y bien cierto que desafiaba la razón!